115 – La supervivencia del más amable

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LA SUPERVIVENCIA DEL MÁS AMABLE

de Paul Ekman

El psicólogo Paul Ekman revela la verdadera visión sobre la compasión que tenía Charles Darwin—y no es lo que seguramente piensas. Su creencia de que el altruismo es una parte vital de la vida humana e incluso animal está siendo confirmada por la ciencia moderna.

En 1871, once años antes de su muerte, Charles Darwin publicó la obra que es conocida como “su mejor libro no leído”, The Descent of Man and Selection in Relation to Sex (El origen del hombre y la selección en relación al sexo). Su poco conocido debate sobre la compasión en este libro revela una faceta del pensamiento de Darwin contraria a la visión de la naturaleza humana competitiva, despiadada y egoísta que se ha atribuido, por error, a la perspectiva Darwiniana.

En el cuarto capítulo, titulado “Comparativa de las Facultades Mentales del Hombre y de los Animales Inferiores,” Darwin explicó el origen de lo que él llamó “simpatía” (lo que hoy vendría a ser empatía, altruismo, o compasión), describiendo cómo los humanos y otros animales ayudan a los que están en apuros. Aunque reconoció que estas acciones eran más probables de ocurrir dentro de una familia, él escribió que el mayor logro moral es la preocupación por el bienestar de todos los seres vivos, humanos y no humanos.

No debería sorprendernos, dado el compromiso de Charles Darwin con la continuidad de las especies, que él asegurara que la preocupación por el bienestar de otros no es una característica solamente de los humanos. Darwin cuenta la siguiente historia: “Hace unos años un cuidador del Jardín Zoológico me mostró unas heridas muy profundas y casi sin cicatrizar en su nuca, infligidas por un babuino violento mientras él estaba arrodillado en el suelo. Otro mono pequeño, que era un buen amigo de su cuidador y vivía en el mismo compartimento, estaba terriblemente asustado del babuino. Aun así, tan pronto como vio a su amigo en peligro, se apresuró a rescatarlo, distrajo al babuino con gritos y mordiscos y el hombre pudo escapar.” Este incidente es consistente con el estudio de F.B.M. de Waal de 2004, “On the Possibility of Animal Empathy” (Sobre la Posibilidad de la Empatía en los Animales).

La probabilidad de estas acciones, dijo Darwin, es mayor cuando el ayudante tiene alguna relación con la persona que necesita ayuda. “Es evidente en primer lugar,” escribió en The Descent of Man (El origen del hombre), “que en la especie humana los impulsos instintivos tienen diferentes grados de intensidad; un salvaje arriesgará su propia vida para salvar a un miembro de su misma comunidad, pero será totalmente indiferente hacia una persona desconocida; una madre joven y tímida, impulsada por el instinto maternal, correrá el mayor riesgo de su vida para salvar a su propio hijo, sin ninguna duda…”

Darwin reconoció, sin embargo, que gente excepcional ayudará a personas totalmente desconocidas que estén en apuros, no solo a sus familiares o seres queridos. “Aun así, muchos hombres civilizados que nunca antes han arriesgado sus vidas por otra persona, pero que están llenos de coraje y compasión, han ignorado el instinto de supervivencia y se han lanzado a un torrente de agua para salvar a un hombre que se ahogaba, aunque era

un desconocido. En este caso el hombre está impulsado por el mismo instinto que le hizo al mono pequeño, descrito anteriormente, salvar a su cuidador atacando al terrible babuino.” La línea de pensamiento de Darwin ha sido respaldada por el estudio de 1996 de K.R. Munro, sobre individuos excepcionales que salvan a desconocidos aun arriesgando su propia vida, The Heart of Altruism: Perceptions of A Common Humanity (El Corazón del Altruismo: Percepciones de una Humanidad Común).

Darwin no consideró por qué la compasión hacia desconocidos, incluso poniendo en peligro sus propias vidas, solo la tienen algunas personas. ¿Hay una predisposición genética para tales preocupaciones, o es solamente un resultado de la educación recibida, o tal vez de alguna mezcla de lo innato y lo adquirido? Darwin tampoco escribió sobre si es posible desarrollar tal compasión hacia las personas desconocidas en aquellos que no la tienen.

Hoy en día estas cuestiones son el foco de atención de teorías (ver P. Gilbert, ed., Compassion, Routledge, 2005) e investigación empírica (D. Mobbs, et. al., “A Key Role for Similarity in Vicarious Reward,” Science, 2009). En “Compassion: An Evolutionary Analysis and Empirical Review” (Compasión: un análisis evolutivo y una crítica empírica) en Psychological Bulletin, Goetz, Keltner, y Simon-Thomas analizan la literatura de psicología sobre la empatía, el altruismo y la compasión, integrando nuevas pruebas que sugieren que la compasión debería ser considerada una emoción. En un próximo artículo, “Compassion and Altruism: A Reformulation and Research Agenda,” (Compasión y altruismo: una reformulación y una agenda de investigación) Erika Rosenberg y yo consideramos que lo que llamamos compasión familiar es una emoción, aunque con un objetivo limitado, pero sostenemos que no es útil clasificar otras formas de compasión como emociones.

Darwin ofreció una explicación del origen de la compasión: “Estamos,” él escribió, “impulsados a aliviar los sufrimientos de otros, para que al mismo tiempo nuestros propios sufrimientos sean aliviados…” Sin embargo, un estudiante budista, B. Alan Wallace, señala que no todo el mundo responde al sufrimiento de esta manera. Él nota que una persona, por ejemplo, podría reflexionar, “Qué suerte tengo de no ser esa persona.” Hace muchos años en mi propia investigación encontré que alrededor de un tercio de la gente que vio en una película a una persona que sufría, mostró sufrimiento, pero un número igual de personas reaccionó con repugnancia. Estas proporciones fueron las mismas entre japoneses en Tokio y americanos en California, indicando que las reacciones no se veían afectadas por la cultura.

Darwin también describió como la selección natural favoreció la evolución de la compasión, sin tener en cuenta lo que originalmente ocasionó tal comportamiento: “Aunque este sentimiento se origine de una manera compleja, ya que tiene gran importancia para todos esos animales que se ayudan y defienden entre ellos, habría sido incrementado a través de la selección natural; porque esas comunidades, que incluyen el mayor número de miembros compasivos, serían las que crecerían con más fuerza, y criarían el mayor número de hijos.”

Sin embargo, al contrario de la expectativa de Darwin, hoy, o en el pasado conocido, no hay países en los cuales la compasión y el altruismo hacia desconocidos sean mostrados por la mayoría de la población, y más adelante en este capítulo Darwin escribió de manera más realística sobre el alcance de la compasión.

Darwin concluyó la discusión del origen y la naturaleza de la compasión y el altruismo describiendo lo que él consideró la virtud moral más preciada. Él escribió: “Mientras el hombre avanza hacia la civilización, y tribus pequeñas se agrupan en comunidades más grandes, la razón más simple diría a cada individuo, que debería extender sus instintos sociales y simpatías a todos los miembros del mismo país, aunque no los conozca. Cuando se alcance este punto, solo habrá una barrera artificial que impida a su compasión extenderse a los hombres de todos los países y razas. [Si ellos parecen diferentes] Desafortunadamente la experiencia nos muestra cuanto tiempo pasa hasta que los veamos como prójimos. La compasión más allá de los confines del hombre, es decir, humanidad hacia los animales, parece ser una de las últimas adquisiciones morales … Esta virtud [la preocupación por animales], una de las más nobles de las que el hombre está dotado, parece surgir por casualidad cuando nuestra compasión es más sensible y se difunde más ampliamente, hasta que se extienda a todos los seres conscientes.”

Durante debates que tuve con el Dalai Lama sobre emociones y compasión, sobre el cual nuestro

libro Sabiduría Emocional se basó, le leí esta última frase de Darwin. El traductor del Dalai Lama, Thupten Jinpa, exclamó, “¿Utilizó esa frase “todos los seres conscientes”? Jinpa se sorprendió porque esta frase es la traducción exacta en inglés de la descripción budista de la compasión universal de un bodhisattva.

Charles Darwin era uno de los pocos pensadores de su tiempo que adoptó esta visión, y este interés por la compasión hacia seres no humanos solo ganó popularidad al final del siglo XX. Darwin se avanzó mucho a su tiempo.

Esta extraordinaria similitud entre la visión budista de la virtud y la de Darwin aumenta la tentadora posibilidad que Darwin quizá fue influenciado por escrituras budistas. Darwin sabía al menos algo sobre budismo cuando escribió The Descent of Man (El Origen del Hombre). J.D. Hooker, el mejor amigo de Darwin, pasó muchos años en la cordillera del Himalaya. La destacada investigadora de Darwin, Janet Browne, me dijo “Darwin podría muy fácilmente haber hablado de estos temas con J.D. Hooker después de los viajes de Hooker a Sikkim y el resto de la India,” y Alison Pearne, co-editora de Evolution: The Selected Letters of Charles Darwin (Evolución: las cartas seleccionadas de Charles Darwin), apunta que Hooker mencionó el budismo en sus cartas a Darwin desde la India. Sin embargo, el fondo de las ideas de Darwin sobre moralidad y compasión aparecen en sus cuadernos de 1838, dos años después de su retorno del viaje de Beagle, cuando Darwin tenía 29 años. Esto fue 5 años antes de que conociera a Hooker.

Randal Keynes, el tataranieto de Darwin, describió el pensamiento de Darwin sobre estos temas en los cuadernos de esta manera: “Sus comentarios estaban escritos sin pensar, pero sin duda él tenía un objetivo subyacente. [Darwin escribió:] ‘¿Puede que nuestro sentido de lo que está bien y lo que está mal, surja de la reflexión con nuestros crecientes poderes mentales sobre nuestras acciones ya que estaban ligadas a nuestro instinto de amor y preocupación por los demás? Si cualquier animal con instintos sociales puede desarrollar el poder de la reflexión, debe tener una consciencia.”

Darwin apuntó en su cuaderno: “Sin considerar el origen…el individuo se olvida de sí mismo, y ayuda y defiende y actúa para otros a su propia costa.” En sus inicios Darwin también estaba interesado en el origen de la moralidad: “Lo que ha producido el mayor bien (o más bien, lo que es necesario para el bien de todos) es el (instintivo) sentido moral… cuando juzguemos el rol de la felicidad debemos mirar más allá (y hacia la acción general) – ciertamente porque es el resultado de lo que en general ha sido lo mejor para nosotros en el pasado… la sociedad no podría continuar sin el sentido moral.”

Darwin mencionó su deuda hacia David Hume. En 1838 Darwin leyó Enquiry Concerning the Principles of Morals (Investigación sobre los principios de la moral) de Hume y pensó que era importante para desarrollar una teoría separada de la formación religiosa. Tal y como Randal Keynes observa en Darwin, His Daughter & Human Evolution (Darwin, su hija y la evolución humana):

David Hume había puesto la compasión en el centro de su pensamiento sobre las fuentes naturales de los principios morales. Él la vio como un sentimiento natural en lugar de una actitud basada en el razonamiento de alguna idea abstracta. “Hay benevolencia, por muy pequeña que sea, infundida en nuestro seno; algún atisbo de amistad para la humanidad; alguna partícula de paz dentro de nuestro cuerpo, junto con el elemento del lobo y la serpiente.” Charles ahora desarrolló esta idea y especuló sobre cómo nuestro sentido moral quizá también crece naturalmente de ese sentimiento. [Darwin escribió:] “Mirando al Hombre, tal y como un Naturalista miraría a cualquier otro animal mamífero, se puede concluir que tiene instintos paternales, conyugales y sociales… estos instintos consisten en un sentimiento de amor o de benevolencia hacia el objeto en cuestión… esta compasión activa hace que el individuo se olvide de sí mismo, y ayude, defienda y actué para otros a su costa.”

En conclusión la introducción a su edición de Descent of Man (El Origen del Hombre), James Moore y Adrian Desmond escribieron que algunos de los contemporáneos de Darwin que estudiaron este libro enfatizaron que “los aspectos humanos de los valores victorianos de Darwin: deber, altruismo y compasión…Frances Cobbe [una pensadora feminista y pionera en el activismo de los derechos de los animales] disculpó a los lectores que podían

retratar ‘al autor como un hombre que…de forma inconsciente ha atribuido su propia anormal generosidad y naturaleza pacífica al resto de las especies, y luego atribuyó a su anormalmente generosa y pacifica naturaleza al resto de las especies, y entonces teorizo como si el resto del mundo estuviera hecho de Darwines.’ ”

Las ideas de Darwin sobre compasión, altruismo y moralidad ciertamente revelan una imagen diferente de las preocupaciones de este gran pensador que la retratada por aquellos que se centran en el eslogan “la supervivencia del más fuerte” (la cual es una cita de Spencer, no de Darwin). Aquellos que no conocen sus escrituras, e incluso algunos científicos, desconocen el compromiso de Darwin con la unidad de la raza humana, sus creencias abolicionistas y su gran interés por los principios morales y el bienestar humano e animal.

Paul Ekman es un experto de renombre en habilidades emocionales y comunicación no verbal, liderando técnicas para desenmascarar el engaño y otros estados mentales a través del reconocimiento facial. Colaboró con el Dalai Lama en 2008 en el libro Emotional Awareness (Sabiduría Emocional). En 2009, TIME magazine lo nombró una de las 100 personas más influyentes.

© Shambhala Sun, Noviembre 2010 Fuente:: http://www.shambhalasun.com/index.php?option=com_content&task=view&id=3598&Itemid=0

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