105 – Por qué nos resulta tan difícil meditar

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POR QUÉ NOS RESULTA TAN DIFÍCIL MEDITAR

Ed y Deb Shapiro exploran las razones y los obstáculos más comunes

realizado por el personal de mindful.org

¿Qué sucede con algo tan simple como es estar sentado, quieto y observando nuestra respiración que evoca tanto pánico, miedo e incluso hostilidad? A pesar de todos los estudios que demuestran los beneficios mentales, emocionales y físicos que se derivan de la quietud, parece haber un mayor número de personas que se resisten a probarlo.

Meditar puede ser, ciertamente, un reto, incluso más si no sabemos muy bien por qué lo hacemos. Puede ser muy raro sentarse ahí simplemente escuchando el incesante parloteo en nuestra cabeza. Además, nos aburrimos fácilmente si no hacemos nada durante mucho tiempo, aunque sea tan solo durante 10 minutos.

Después de años escuchando un gran repertorio de razones por las cuales a la gente le cuesta meditar, hemos abreviado la lista en unas cuantas:

1. Estoy demasiado ocupado. No tengo tiempo.

Ciertamente puede ser verdad si tienes niños pequeños o un trabajo a tiempo completo, y todo lo que esto conlleva. Sin embargo, aquí solo estamos hablando de tal vez 10 minutos al día. Muchos de nosotros empleamos mucho más tiempo leyendo el periódico o rastreando en internet ociosamente. Parece que no tengamos tiempo porque habitualmente llenamos cada momento de nuestra vida con actividades y nunca pulsamos el botón de pausa.

2. Encuentro verdaderamente incómodo estar sentado, inmóvil durante mucho rato.

Si intentas sentarte con las piernas cruzadas en el suelo, entonces sí, puede que llegue a ser incómodo. Pero en lugar de hacerlo así, puedes sentarte derecho en una silla firme y cómoda. O puedes hacer meditación caminando o yoga o tai chi. La meditación en movimiento puede ser tan beneficiosa como la que se hace sentado.

3. Mi mente no deja de pensar: ¡No puedo meditar. Simplemente no puedo! ¡Mi mente no se queda callada: va de un sitio a otro! ¡Mis pensamientos me vuelven loco! Estoy intentando escapar de mí mismo, no mirar hacia mi interior. ¿Suena familiar?

Es sorprendente pero cierto que intentar que nuestra mente pare de pensar es como intentar parar el viento – imposible. En las enseñanzas de oriente, la mente se describe como si fuera un mono borracho al que le hubiese picado un escorpión porque así como el mono salta de rama en rama, la mente salta de un pensamiento a otro, continuamente distraída y ocupada. De este modo, cuando vas a sentarte en quietud e intentas acallar la mente, encuentras que se produce esta actividad maniaca que resulta terriblemente ruidosa. De hecho, no es nada nuevo, simplemente es que ahora te has dado cuenta, mientras que antes estabas inmerso en ello, ignorando que tal parloteo fuera tan constante.

Esta experiencia de notar la mente tan ocupada es muy normal. Alguien una vez calculó que por cada 30 minutos de una sesión de meditación puede que tengamos más de 300 pensamientos. Tras años de tener una mente ocupada, años de crear y mantener dramas, años de estrés y centrarnos en nosotros mismos, la mente no tiene ni idea de cómo permanecer quieta. En su lugar, ansía el entretenimiento. No que tú no puedas apagarla cuando meditas, solo quiere decir que eres como cualquier otra persona.

4. Hay demasiadas distracciones. Hay demasiado ruido.

Lejos quedan aquellos días en los que podíamos desaparecer en una caverna y que nadie nos molestase hasta que un tiempo después

pudiéramos emerger iluminados por completo. En vez de eso, tenemos que lidiar con los ruidos y las imposiciones del mundo que nos rodea. Pero – y es un gran pero – no tenemos que dejar que esto nos sea impuesto. ¿Coches en el exterior? Bien. Deja que pasen, pero no te vayas con ellos. El silencio que buscas está dentro, no fuera. La experiencia de estar en calma es acumulativa: cuanto más te sientas, poco a poco la mente se vuelve más silenciosa, más contenta, al margen de cualquier distracción que pueda haber.

5. No le veo el beneficio.

Desafortunadamente, aquí es donde nos tienes que tomar la palabra. Algunas personas consiguen ver lo beneficiosa que es la meditación después de tan solo una sesión, pero para la mayoría de nosotros lleva más tiempo – puede que notes la diferencia en una semana, o tal vez en dos después de practicar todos los días. Lo que significa que tienes que confiar en el proceso lo suficiente para seguir ahí y continuar con ello, incluso antes de que consigas sus beneficios.

Recuerda que la música se tiene que tocar durante horas para que las notas suenen bien, igual que en Japón se pueden tardar 12 años en aprender a hacer arreglos florales. Estar en quietud sucede en un momento, pero puede llevar un tiempo antes de que ese momento suceda – de ahí la necesidad de ser paciente.

6. No soy bueno en esto. Nunca lo voy a hacer bien.

En realidad, es imposible fracasar al meditar. Incluso si te sientas 20 minutos pensando incesantemente cosas sin sentido, eso está bien. No hay una forma correcta o incorrecta y no hay una técnica especial. El profesor de meditación de Deb le dijo que hay tantas formas de meditar como gente que practica meditación. Así que lo único que necesitas es encontrar el modo que funcione para ti (incluso si prefieres hacerlo haciendo el pino con la cabeza) y mantenerte con eso que te funciona.

Lo importante es que te hagas amigo de la meditación. No sería de ninguna ayuda si sientes que tienes que meditar, por ejemplo, y después te sientes culpable si pierdes el tiempo que has asignado o solo haces 10 minutos cuando te habías prometido hacer 30. Es mucho mejor practicar durante poco rato y disfrutar lo que estás haciendo que sentarse con los dientes apretados, porque te han dicho que solo 30 ó 40 minutos tendrían algún efecto. La meditación es un compañero de por vida, como un viejo amigo al que acudir cuando necesitamos apoyo, inspiración, y claridad. ¡Es algo con lo que disfrutar!

7. Todo esto no es más que una cosa rara de la Nueva Era que está de moda.

Ciertamente, es fácil perderse en el sinfín de promesas de felicidad eterna de la Nueva Era, pero la meditación en sí misma, es más antigua que las montañas. Hace más de 2.500 años Buda, un meditador entregado, intentó buscar y puso a prueba numerosas y diferentes maneras encaminadas a que la mente alcanzara la quietud. Y esto es solo un ejemplo. Cada religión tiene su propia variación sobre el tema y todas ellas se remontan a muchos siglos atrás. Por tanto, en esto no hay nada nuevo ni nada raro.

En otras palabras, meditar no consiste en forzar la mente a estar en absoluta quietud. Más bien es soltar la resistencia a aquello que pueda surgir: dudas, preocupaciones, incertidumbre y sentirse inadecuado, los incesantes dramas, miedo y deseo. Cada vez que encuentres que tu mente va a la deriva, sueña despierta, recuerda el pasado y planea el futuro, simplemente vuelve al ahora, vuelve a este momento. Todo lo que necesitas es prestar atención y estar con lo que ya es. Nada más.

Ed and Deb Shapiro son bloggers destacados en oprah.com y HuffingtonPost.com. Mira su galar-donado libro: BE THE CHANGE – Como la medi-tación puede transformarte a ti y al mundo, con prólogos de El Dalai Lama y Robert Thurman, con contribuciones de Jack Kornfield, Jon Kabat-Zinn, Jane Fonda, Ram Dass, Byron Katie, y muchos otros. También tienen tres CDs de meditaciones: Metta – Amor bondadoso y perdón; Samadhi – la respiración consciente e insight; y Yoga Nidra – relajación consciente interior; que están disponibles en: EdandDebShapiro.com.

© 2011 Mindful Magazine

Fuente: http://www.mindful.org/why-we-find-it-hard-to-meditate/

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