98 – Pensar con el corazón

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PENSAR CON EL CORAZÓN

El origen de Suavizar, Confortar, Permitir

por Christopher Germer

Mi camino hacia la comprensión de la importancia de la compasión en la psicoterapia basada en mindfulness no fue siempre fácil. Madeline fue una de mis primeras “clientes-maestras”.

Madeline era una mujer de 82 años, que aunque gozaba de buena salud y plenas facultades mentales, estaba desesperada porque tenía que dejar el que había sido su querido hogar durante 45 años, ya que vivía en una zona de una calle suburbana donde los niños se juntaban para jugar… y gritar. El ruido no la dejaba dormir, sufría dolor de estómago crónico y tensión en el cuello. Había intentado todo lo que había podido para reducir el nivel de ruido- hablar con los padres de los chicos, poner música relajante para impedir la entrada de sonidos. A pesar de tales medidas, vivía en un estado de anticipación temerosa del siguiente chillido de algún niño. A Madeline la entristecía su sensibilidad ante el ruido porque ella quería disfrutar del entusiasmo de los niños del barrio, tal como había disfrutado de la energía de sus propios niños en el pasado.

Al principio pensé que Madeline podría beneficiarse de escuchar de una forma más amplia los sonidos de su alrededor, no centrarse todo el tiempo en los gritos de los niños. Le preparé a Madeline una grabación, “Mindfulness del Sonido,” que le enseñaba de manera pasiva a percibir todos los sonidos de su entorno. No funcionó. Dijo que encontraba el ruido de los niños demasiado molesto.

Lo siguiente que pensé, fue que podría beneficiarla la exposición interna. Si podía explorar de manera consciente sus reacciones físicas y emocionales al ruido, quizás podría relajarse. Y, si su cuerpo se sentía mejor, yo esperaba, que se obsesionara menos con el ruido. Siempre colaboradora, Madeline exploró sus sensaciones, pensamientos y emociones siempre que se notaba ansiosa:”¿Dónde duele?”, “¿Cómo se siente?”,”¿El dolor va y viene?”, “¿Qué pensamientos y sensaciones acompañan al estrés provocado por el ruido de los niños?”. Le di instrucciones para que simplemente notara qué estaba sintiendo en su cuerpo y como su cuerpo reaccionaba a los ruidos externos. Este ejercicio tampoco funcionó en lo más mínimo. Todo lo que hizo fue poner el foco de atención de Madeline en lo mal que se sentía y hacerla sentir todavía más enfadada consigo misma y su situación.

Cuando más cerca estaba Madeline de su angustia, más abrumada se sentía. Podríamos llamar a esto exposición sin desensibilización, o exposición sin consciencia El truco con técnicas de mindfulness está en mantener una estabilidad atencional y cierto desapego mientras se permite que la experiencia desagradable se mantenga en la conciencia, pero sin sentirse emocionalmente abrumado. En algunos casos, se requiere el uso de medicación como coadyuvante al tratamiento basado en mindfulness. Sugerí a Madeline que hablara con su médico acerca de tomar Klonopin o Paxil. Pero ella puso reparos, por principio, raramente tomaba medicamentos, y quería continuar explorando técnicas conductuales.

A esas alturas, yo tenía serias dudas de poder ayudar a Madeline. Entonces recordé que durante muchos años ella había trabajado como voluntaria en un hogar de ancianos, que había traído niños vietnamitas a Estados Unidos después de la guerra, y que era muy activa en su iglesia. Empecé a preguntarme si ella podría ofrecerse a sí misma la misma cualidad de compasión que tenía hacia otros. ¿Podría la compasión ayudarla a tolerar mejor su angustia?

Juntos, se nos ocurrió una nueva meditación: “Suaviza, permite, y ama.” Desde el principio, Madeline estuvo entusiasmada con ésta meditación así que hice otra grabación de 20 minutos para que ella pudiera practicar.

La meditación comienza simplemente tomando conciencia de cualquier sensación que aparezca en el cuerpo. ¿Puedes sentir la presión de tu cuerpo en el sofá?, ¿Puedes sentir el movimiento de tu respiración? Después de un minuto, la atención se desplaza hacia una sensación física desagradable. Para Madeline, eso era tensión en su estómago o en su cuello. El primer componente de la meditación, “suavizar”, se refiere a relajar esa parte incómoda del cuerpo. De todos modos, para evitar frustración si la relajación no funciona, suavizar es una invitación a relajarse.

Cuando sientes molestias, ¿puedes suavizar ésa parte de tu cuerpo? No tienes que relajarlo; solo permite que esa parte de tu cuerpo se afloje- si estás lista para ello.

Enero/Febrero 2006

El siguiente componente es “permitir”. Esto se refiere a permitir que las sensaciones físicas simplemente se mantengan ahí- desagradables, neutras o agradables. Es una antigua técnica de meditación Budista.

¿Puedes permitirte sentir la incomodidad tanto como dure?, ¿Puedes simplemente dejarla estar, mientras esté allí, aunque duela?. No tienes que cambiarla, pasará en su momento. ¿Puedes dejarla ir y venir como quiera?

Finalmente, en el componente “amor”, tratas de recordar un sentimiento de amor que pueda ser redirigido hacia tu propio cuerpo. Esto es una variación de la práctica de compasión. En lugar de recitar frases, capturamos una sensación – un estado mental, si se quiere- y asociarlo con él un nuevo objeto de consciencia. En éste caso, lo nuevo es, una sensación corporal.

Ahora, imagina como era cuando uno de tus niños tenía dolor de estómago. ¿Puedes percibir en tu corazón qué podrías haber sentido, o sientes al empatizar con su lucha? ¿Puedes mantener esa sensación en tu corazón?

Ahora, ¿puedes dar a tu propio estómago el mismo amor que sentirías por tu hijo si él o ella estuvieran sufriendo de ése modo? ¿Puedes llevar algo de amor hasta el lugar donde duele?

Esta meditación condujo a Madeline a llenar todo su cuerpo con el mismo amor que ella había identificado, y dejó que ése sentimiento de amor irradiara gradualmente hacia la habitación y hacia su comunidad.

Después de aprender esta meditación, Madeline inocentemente preguntó, “¿De dónde viene el amor?”, “¿De dónde puedo obtenerlo si no aparece por sí mismo?”. Decidimos que el amor parece ser una cualidad que llega naturalmente a todo el mundo. A veces lo sentimos más hacia un niño o una mascota. Parece ser inherente en todos nosotros, al igual que la conciencia. La habilidad consiste en recordar cómo se siente el amor y dirigirlo hacia donde sea más necesario.

Finalmente ampliamos la conciencia amorosa de Madeline más allá de su dolor físico para abarcar el malestar emocional que sentía cuando su hogar se volvía demasiado ruidoso.

Dos semanas después de haber aprendido éste ejercicio, Madeline reflexionaba en voz alta “¡Creo que tengo que aprender a quererme más!” Cuatro semanas más tarde, estaba sintiendo cierto entusiasmo por “trabajar” con su sensibilidad al ruido, y dijo que se sentía un 50 por ciento mejor. Se sorprendió a si misma al empezar a sentir afecto por los ruidosos niños. Compró un bonito sombrero para una vecinita, uno igual al de ella, que la niña había admirado.

Seis meses después de que Madeline aprendiera ésta técnica, la llamé para preguntarle cómo se estaba sintiendo. Ella seguía practicando auto-compasión a diario. Me dijo, “Cuando oigo un grito y estoy levantada, bien y activa, le doy una especie de bienvenida, porque es una parte de mi mundo. También, me da la oportunidad de practicar. No estoy diciendo que esté cien por cien curada, porque hay momentos en que me molesta, como cuando estoy leyendo la Biblia y estoy con Dios. En esos momentos el ruido es intrusivo. Pero en general estoy mucho más feliz. ¡No sabía que podía darme amor a mí misma!

Le pregunté si la práctica había cambiado algo más en su vida. Me contestó, “Soy consciente de mi propio valor. No tengo que complacer a los demás. Por encima de todo, ¿sabes? no me siento víctima. Acepto más fácilmente. Si alguien, dice algo malo, lo dejo ir. No necesito tener la razón, Puedo dejarlo pasar.

Yo todavía quería saber de qué forma ella estaba practicando la compasión. Me dijo que recordaba intencionadamente la gran compasión que sintió por su hijo pequeño, aproximadamente 44 años atrás, cuando éste se despertó con los ojos sellados por el llanto. Su pequeño hijo estaba aterrorizado, y en ése momento ella estaba llena de amor hacia él. “Ahora dirijo ése amor hacia mí” dijo. “¿Y hacia dónde lo dirige exactamente?” pregunté. “Hacia la parte superior de mi cuerpo. No sé muy bien como describirlo, mi corazón, sí; tiene que ver con el corazón,” contestó Madeline.

Christopher Germer, PhD, es psicólogo clínico con práctica privada en Arlington, Massachusetts, está especializado en mindfulness y psicoterapia basada en la compasión. Es miembro fundador del Institute for Meditation and Psychotherapy, instructor clínico de Psicología en la escuela de medicina de Harvard, autor de The Mindful Path to Self-Compassion, y co-editor de Mindfulness and Psychotherapy, y Wisdom and Compassion in Psychotherapy: Deepening Mindfulness in Clinical Practice. El Dr. Germer imparte conferencias y talleres a nivel internacional en el arte y la ciencia de la auto-compasión consciente, y es co-desarrollador, junto con Kristin Neff, del programa de 8 semanas Mindful Self-Compassion.

© 2006, Psychotheraphy Networker y Christopher Germer

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