76 – Reeducando la mente

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AFIRMACIÓN DE LA SEMANA

Enséñame Padre a percibir tu presencia, en el espejo de mi mansa quietud interior, a sentir tus pasos en el amor que me electriza y desborda rompiendo las barreras de mi piel para reverberar en tu infinito océano. Enséñame  Padre a verte mediante el ojo de la intuición de la meditación consciente, profunda e intensa.

“La realidad de la felicidad y del sufrimiento no depende de causas externas, es inherente a la naturaleza de los estados mentales. Es por esta razón que la reeducación de la mente permite disminuir los momentos de dolor y sufrimiento y reemplazarlos por felicidad y ecuanimidad. Para hacer esto posible es necesario seguir una rutina de autodisciplina, y para poder aplicar la misma es necesario poseer la comprensión correcta acerca de la naturaleza del Yo y de la mente”.

Budjo Maitreya

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imagen3PERMANEZCO EN PAZ PLENA, SIN CONCIENCIA DE SUFRIMIENTO Y DOLOR

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barraTu cerebro produce 80 mil pensamientos por día. Esta Fuerza es la esencia de tu Ser y destino, controlarla depende de poder silenciar la mente y reprogramar las impresiones subconscientes.

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REEDUCANDO LA MENTE

 

Pueda mi mente sentir compasión
hacia todos los seres, cuando
otros me traten tanto justa como
injustamente.

Pueda yo siempre aceptar mis
fracasos y comprender que
mis victorias son para el
bienestar de todos los seres.

Pueda yo en mi corazón ver a
todos los seres como la esencia
de mi propia razón de existencia
y colmarlos de bendiciones.

Pueda yo siempre estar atento
a todo pensamiento que hay en mi
mente y transformar todo estado
negativo en otro positivo.

Pueda yo siempre ver bondad
entre todos los seres más negativos
sin importar sus estados mentales
todos merecen bendición.

Pueda yo siempre pagar mal con
bien, aunque se trate del mejor
amigo que me haya traicionado
y no deje de ver que todos
los seres son sagrados.

Pueda yo siempre ofrecer alegría
y bendición a todos los seres
y recibir en mi interior
todos sus dolores y sufrimiento.

Pueda yo siempre estar libre
de los intereses mundanos
y siempre consciente de que
todas las cosas son ilusorias.

Pueda yo siempre disponer
del despertar perfecto y
así todos los seres compartan del
mismo estado de mente iluminada.

Pueda yo absorberme en lo Absoluto
y dejar de ser en lo individual
de modo que todos los seres
resulten igualmente beneficiados.

La realidad de la felicidad y del sufrimiento no depende de causas externas, es inherente a la naturaleza de los estados mentales. Es por esta razón que la reeducación de la mente permite disminuir los momentos de dolor y sufrimiento y reemplazarlos por felicidad y ecuanimidad.

Para hacer esto posible es necesario seguir una rutina de autodisciplina, y para poder aplicar la misma es necesario poseer la comprensión correcta acerca de la naturaleza del Yo y de la mente.

Existen actos egoístas y actos inegoístas de compasión pura. Los primeros siempre van asociados a las distintas variaciones del sufrimiento, mientras que los segundos nos permiten alegría y la expansión de la mente hacia todo el universo.

Todo estado de felicidad depende de una interacción entre los unos y los otros, junto con el ambiente que nos rodea. La compasión permite que veamos bondad en todos los seres y que éstos se sientan favorecidos y bendecidos por nuestros actos hacia ellos.

De forma que para vivir felices la condición clave es que practiquemos amor desinteresado hacia los otros que nos rodean. Esto asimismo, nos libera de los pensamientos contaminados por el egoísmo, los celos, el odio y la ira.

En forma natural la compasión nos introduce en el estado interno de la paz plena de mente.

Puede decirse que hacer la elección correcta de desarrollar internamente la compasión es un egoísmo inteligente, dado que permitirá la expansión mental y nos liberará de numerosos pensamientos y estados negativos.

Pueda mi mente sentir compasión
hacia todos los seres, cuando
otros me traten tanto justa como
injustamente.

Este verso trata de la correcta actitud mental donde la compasión no se comporta a nivel de una transacción, en el sentido de ser compasivos hacia los que nos tratan bien solamente, sino que se extiende hacia todos los seres por igual sin importar su condición o estado mental.

Pueden ser amorosos o violentos hacia nosotros, pero ambas naturalezas de los seres sintientes obtendrán de nuestra mente la misma ecuanimidad de compasión.

Todas las personas somos semejantes, en el sentido de poseer el mismo potencial para la bondad y la felicidad, como para la maldad y el sufrimiento. Mediante la práctica de la compasión podemos siempre aumentar los aspectos positivos y disminuir los negativos de nuestro interno mental.

Estas prácticas de autocontrol para reeducar la mente, tanto pueden ser practicadas por creyentes como por ateos. Lo que se requiere es la correcta comprensión acerca del valor de la compasión y su efecto para transformar nuestras vidas.

Debemos analizar y reflexionar profundamente acerca de nuestro potencial para lo bueno y para lo malo, y saber así elegir el camino que más nos favorezca.

Cuando pensamos egoístamente nos aislamos de los seres que nos rodean, experimentamos miedo, ansiedad, y desarrollamos malos pensamientos hacia el prójimo, nos volvemos más violentos, tanto interna como externamente.

En cambio, cuando somos capaces de pensar en los otros y realizar acciones que los favorezcan, los demás también se sienten comprometidos con una corriente de sana empatía.

Pensar en servir a los otros primero, permite que desarrollemos el máximo de nuestro propio potencial y en esto, nos ayudan de diversas formas los que nos rodean, porque reciben también beneficios de éste desarrollo personal.

Es por esto que las acciones inegoístas, pueden ser consideradas como de un egoísmo inteligente, cuando han sido cabalmente razonadas y comprendidas.

En esta última actitud no se actúa ya sólo por amor, sino por conocimiento. Pero, desde luego, la acción debe contener el espíritu del desinterés por el fruto de la misma, de otro modo se trataría de otra acción puramente egoísta enmascarada.

Es común que las personas que siguen una disciplina espiritual realicen acciones compasivas por interés en su propio beneficio y no sean acciones verdaderamente desinteresadas en beneficio de todos los demás seres.

Esto se puede deshacer mediante la meditación de reflexión y no la de introspección. Para la correcta actitud interna hace falta no sólo la concentración y la meditación, sino también la correcta comprensión de la intencionalidad de los propios actos, mediante la autorreflexión.

No es necesario practicar religión para hacer esto. Dentro de la compasión existe el respeto natural hacia todas las formas de pensamiento y creencias.

Un ateo no compasivo atacará todas las religiones porque no acepta ideologías que sean diferentes a la suya. En esto demuestra lo limitado que es su estado mental y lo dominado que se encuentra por distintos modos de violencia.

En general la ausencia de correcta compasión es sinónimo de egoísmo, odio, ira y violencia, en todos sus grados y potencialidades.

Toda persona falta de compasión hacia todos los seres y que no los respeta por igual, se aproxima peligrosamente a las distintas formas del fundamentalismo de mente y de acciones.

Pueda siempre aceptar mis
fracasos y comprender que
mis victorias son para el
bienestar de todos los seres.

Para practicar correcta compasión es necesario comprensión y fe, acompañado esto de correcto conocimiento. Sólo de esta forma los principios de la responsabilidad solidaria global pueden ser asimilados a nuestra vida diaria.

El buda Gautama enseñó la verdad del sufrimiento, su origen, la cesación del sufrimiento y el óctuple camino que conduce a tal cesación.

Todos estamos empeñados en buscar felicidad y en evitar todo sufrimiento. Para lograr esto debemos comprender que tanto el sufrimiento como la felicidad surgen de causas y condiciones relativas.

Comprender esto nos posibilita observar el mecanismo causal detrás de todo estado mental de felicidad y de sufrimiento. La observación sobre el mecanismo causal deshace la idea sobre que sea el azar el responsable por los estados mentales de felicidad y sufrimiento.

También anula la idea de que tales estados sean causados por seres celestiales o infernales. Y se descarta la idea de que una sustancia única sea la creadora y destructora de todos los estados mentales.

La simple observación analítica demuestra sin duda alguna, que todos y cada uno de nuestros estados mentales depende de nuestras acciones, dirigidas por nuestro intelecto, emoción y voluntad.

Las causas de los estados mentales son interdependientes de una multitud de causas y condiciones. De los tres factores que condicionan nuestras acciones (intelecto, voluntad y emoción), es la emoción el más difícil de dominar.

Pero mediante la concentración y meditación de introspección, la analítica y la autorreflexión, es posible modificar el mapa de nuestra memoria emotiva y reeducar la misma.

Un ejemplo de esto es concentrar la mente, mediante la voluntad, para evitar durante un minuto sentir ira, y luego repetir esto mismo al minuto siguiente, hasta que se imprima sobre la memoria automática y la voluntad consciente ya no deba hacer el esfuerzo para vernos libres del estado mental de ira.

Una vez conseguido esto, podemos continuar con los demás estados negativos, hasta reeducar nuestra mente por completo.

Saber aceptar los propios fracasos es la mejor forma de poder corregir las acciones futuras, mientras que dedicar los triunfos a todos los seres nos libera de las motivaciones internas egoístas.

Las cuatro nobles verdades del Buda Gautama nos indican la importancia de la conciencia y de la mente en la determinación de los estados de felicidad y de sufrimiento.

Están los estados dolorosos que reconocemos como sufrimiento, las sensaciones placenteras, que también son experiencias de sufrimiento porque encierran la sensación de insatisfacción una vez que concluyen las mismas.

Y está el sufrimiento penetrante del condicionamiento, referido a la realidad de existir como seres ignorantes, encadenados a las emociones negativas, a los pensamientos y a los efectos kármicos (causa y efecto).

Todos estos distintos grados de sufrimiento se encuentran vinculados con el estado de mente. La mente indisciplinada, es en sí misma fuente de todo sufrimiento e ignorancia.

El origen del sufrimiento, su causa y el sufrimiento en esencia, responden a un estado mental. La cadena causal del sufrimiento responde en última instancia a un estado mental indisciplinado, esto conduce a las acciones negativas y a sus resultados.

Todo sufrimiento se encuentra referido a un ser sentiente, no a los objetos, y tiene por agente a la conciencia.

Siempre la cesación del sufrimiento está asociado con el estado más alto de felicidad posible en la condición humana, cuya esencia es libertad total del engaño y del sufrimiento, no está referido a sentimientos o sensaciones.

Se trata de un estado mental de autorrealización espiritual. Para comprender el sufrimiento y su cesación debemos profundizar nuestra comprensión sobre la naturaleza de la mente.

La mente indisciplinada crea engaños o estados ilusorios de la mente que compulsan a las acciones negativas, y éstas a su vez crean un entorno negativo para la persona.

La libertad del sufrimiento es nirvana, o la existencia iluminada. Tanto la existencia no iluminada como la iluminada son estados vacíos por completo, carentes de una realidad o existencia intrínseca; esto es bajo el punto de vista de la vacuidad.

La experiencia de la vacuidad es lo que diferencia ambos estados. La diferencia entre la experiencia mundana y el nirvana es un estado mental.

¿Es todo solo una proyección mental? Hay dos posturas posibles ante la pregunta, una sostiene que todo, incluyendo las experiencias de felicidad y sufrimiento, no son más que una proyección mental.

Y esta la otra postura que sostiene que las experiencias son creaciones de la propia mente, pero que las cosas y la naturaleza externa existen por sí mismas, por lo que hay un grado de objetividad en todas las cosas tal cual son.

El potencial para el nirvana existe en todos los seres, pero no puede ser regalado, cada uno debe hacer el esfuerzo correcto para alcanzarlo.

La iluminación es la correcta comprensión de la naturaleza interna de la mente, de la propia entidad, se trata por tanto, nuevamente, de un estado mental.

Igualmente los engaños que obstruyen el estado iluminado, son también estados mentales. Estos estados engañosos son una forma distorsionada de percibir el mundo y el propio yo.

Para deshacer todos estos estados engañosos debe practicarse la reeducación de la mente, transformando los factores y pensamientos negativos en positivos.

Esto es más fácil de realizar mediante la práctica de la correcta compasión. Entonces, el estado de mente indisciplinado se encuentra inherentemente relacionado con los estados mentales de sufrimiento, mientras que el estado de mente disciplinada se vincula con la felicidad y el nirvana.

El dolor que se manifiesta mediante sensaciones físicas puede ser anulado por un estado mental, pero un estado mental negativo no será posible de ser neutralizado mediante el bienestar físico. Mediante el adiestramiento mental o reeducación de la mente, se facilita soportar el dolor físico.

Podemos suplantar un pensamiento negativo por otro positivo, porque dos pensamientos que se oponen no pueden coexistir al mismo tiempo, así es la naturaleza de la mente.

Existen los pensamientos correlacionados con la realidad, o pensamientos verdaderos y los que no, o pensamientos falsos. Esto es importante, dado que para obtener cualquier tipo de éxito es necesario contar con pensamientos y emociones verdaderos.

En tal sentido, incluso la iluminación o nirvana, depende de que la mente sostenga sólo pensamientos verdaderos. Esto permite una percepción directa y verdadera de la realidad tal cual es y no como imaginamos que es.

La compasión es un pensamiento y emoción verdadera, dado que se basa en la interacción e interdependencia entre todos los seres.

Los pensamientos verdaderos son la base de procesos cognitivos válidos. En tal sentido la iluminación es una consecuencia de sostener la mente sólo pensamientos verdaderos o válidos.

Ahora es más simple comprender que la fuente de nuestros sufrimientos es la ignorancia, o la mente adherida a los pensamientos falsos o no válidos, que encadenan a las personas a los estados no iluminados.

En definitiva los pensamientos verdaderos están correlacionados con la mayor felicidad y libertad espiritual, mientras que los falsos con el sufrimiento y los estados de mente no iluminada.

En la reeducación de la mente resulta esencial aplicar un proceso, como la meditación analítica, mediante el cual los pensamientos y emociones verdaderos puedan ser desarrollados y potenciados, mientras que las formas falsas puedan ser eliminadas.

La tarea no es simple, los textos budistas indican que existen más de ochenta mil tipos de pensamientos negativos y otros ochenta y cuatro mil antídotos. De modo que perfeccionar y liberar la mente no es una meta que se podrá obtener de un día para el otro.

La practica de la autodisciplina irá reeducando la mente en forma lenta, pero sostenida. Se debe ser constante, y tener en cuenta que apenas se abandone el esfuerzo, la mente regresará a su estado anterior de confusión y falsedad.

Para poder realizar el esfuerzo en forma constante, es importante desarrollar paciencia, confianza y tranquilidad internas. Hay dos aspectos para la reeducación de la mente, uno es el desarrollo del conocimiento intuitivo y el otro método eficaz para lograr esto, la compasión.

Los versos de este ensayo abordan ambos aspectos y permiten ir alcanzando la correcta actitud interna que nos permitirá liberarnos del dolor y sufrimiento.

Enseñan cómo es posible deshacernos del egoísmo y del egocentrismo, mediante el antídoto de la compasión y el amor universal, y cómo alcanzar la iluminación para el beneficio directo de todos los seres.

Y cómo deshacernos de la idea de un yo permanente, al cual nos aferramos en la existencia sentiente.

La realidad convencional en la experiencia ordinaria depende de las relaciones de causa y efecto. Examinada esta realidad en profundidad encontramos que ningún fenómeno, incluyendo al propio yo, existe en forma independiente e intrínseca.

Todos los fenómenos son resultado de una agregación de numerosas causas y condiciones. No existe nada, ni siquiera el propio yo, que posea una realidad independiente.

Los acontecimientos son interdependientes, dependen de múltiples factores. La realidad última o vacuidad, es la completa ausencia de todo tipo de realidad dependiente.

Pueda en mi corazón ver a
todos los seres como la esencia
de mi propia razón de existencia
y colmarlos de bendiciones.

Estas cuatro líneas conciernen al desarrollo del amor hacia todos los seres sentientes. Habla de la verdad de que todas las cosas y seres somos interdependientes y en función de esto nuestras vidas se ven afectadas por nuestras acciones hacia los demás.

Colmar de bendición a todos los seres, es también recibir uno mismo tal bendición indirectamente. Todas las experiencias que deseamos obtener dependen de la cooperación y la interacción con otros seres.

Esta es una verdad incuestionable. Incluso en el camino espiritual los avances dependen de esta interacción constante.

En el estado de iluminación todas las acciones compasivas surgen espontáneamente en relación con todos los seres, porque ellos son los beneficiarios de tales acciones.

Las necesidades de abrigo, alimentación y demás necesidades básicas, son satisfechas mediante el trabajo combinado entre todos los seres. Esto es incuestionable.

Quienes nos rodean son la verdadera fuente de nuestras alegrías y prosperidad. Por tanto, a mayor compasión hacia todos los seres, se disfrutará de una mayor serenidad mental.

Además, cuanto más uno ama a los demás, más se resaltan sus aspectos positivos, y las retroacciones son también positivas; en cambio si uno desprecia y maltrata a los demás, todos los seres se presentarán de un modo negativo ante uno. Todo depende de la actitud.

Cuando uno piensa sólo para sí mismo, egoístamente, e intentando servirse de los demás, la mente se torna más débil y enfermiza, proclive al miedo y al sufrimiento.

Pero, cuando amamos a los demás por encima de nosotros mismos, experimentamos siempre una ampliación de mente, que nos da tranquilidad y nos permite realizar con mayor atención y sabiduría nuestras acciones diarias.

Bajo éste ángulo nuestros problemas personales disminuyen su perspectiva y es más fácil soportarlos y resolverlos.

Cuando se acepta compartir voluntariamente el dolor de otros existe un grado de estabilidad, que permite fortaleza y confianza en uno mismo. Algo que no ocurre al experimentar el propio dolor y sufrimiento, porque existe un elemento involuntario, debido a la falta de control.

Sin amarse uno a sí mismo, no puede extender la compasión hacia todos los seres. Esto debe ser comprendido como el deseo de alcanzar felicidad y liberarse del sufrimiento.

Colmar de bendición a todos los seres puede ser comprendido como el acto de compasión que ignora el propio bienestar y desea el bienestar de los demás.

Esto se basa en la verdad que gran parte del dolor y sufrimiento que experimentamos se debe a una actitud interna de egocentrismo, que busca siempre el propio bienestar a expensas de otros; mientras que la alegría y la felicidad se deben a pensamientos y emociones que procuran la felicidad de todos los seres.

Este amor universal y compasión pueden ser practicadas durante la oración y la meditación, de forma de ir reeducando la mente, hasta el grado que luego se produzcan acciones espontáneas de amor y compasión.

Estas dos formas de pensar y actuar, la egoísta y la compasiva, nos enseñan dos caminos diferentes para conducirnos por la vida.

Y lo que es más importante, enseñan que cultivar pensamientos y emociones de servicio a todos los seres, permite que alcancemos más fácilmente nuestros propios intereses y deseos.

Actuar para el bienestar de otros, nos permite realizar la propia aspiración, sin tener que hacer para ello esfuerzo alguno.

Comparando ambos caminos, el del egoísmo y el de la compasión, se puede decir que el primero es el del egoísta estúpido, siempre atado al sufrimiento y el segundo el del egoísta inteligente, siempre actuando a favor de la serenidad de mente y la propia felicidad, como resultado indirecto de todas sus acciones a favor de los demás.

Siempre es posible cambiar de actitud, cuando hemos reflexionado sobre esto lo suficiente. Mediante fe y razón, podemos cambiar las tendencias subconscientes de nuestra mente, reemplazando cada pensamiento y emoción negativas por su contrario positivo.

Esto demanda tiempo. Pero al actuar así se trata de un tiempo que actúa en nuestro favor, transformándonos internamente en seres más pacíficos y compasivos, más inteligentes.

Mediante la oración y la meditación siempre es posible emitir compasión hacia todos los seres en el universo entero y crear poderosas corrientes de empatía universal.

Recordemos las enseñanzas anteriores, todo es interdependiente, todas las cosas y todos los seres interaccionan. Si somos capaces de emitir compasión hacia todos los seres, aunque sea simplemente recitando los versos de este ensayo, luego recibiremos la devolución de esta empatía cósmica en nuestros cuerpos y mentes.

Todos los versos mencionan al yo. ¿Qué es éste yo? Cuando meditamos sobre él, observamos que posee la cualidad de continuidad a través del tiempo.

Nos recordamos cuando éramos niños, adolescentes, adultos y viejos. Siempre un mismo yo identificado y asociado con estados diferentes del cuerpo físico.

Los hindúes creen en el atman, un ente independiente de los hechos empíricos del sujeto, dando sustento a la teoría de la reencarnación.

Mientras, las escuelas budistas rechazan un yo o alma que sea independiente de nuestro cuerpo y mente. La idea es que el yo se trata de la agregación entre cuerpo y mente.

Otros lo identifican con la conciencia del ser, definiendo que el cuerpo es contingente, mientras que la conciencia tiene continuidad a través del tiempo.

Algunos sostienen que debemos comprender la existencia en términos de existencia física y mental, de forma que el yo sea dependiente de la mente y el cuerpo.

De modo que debemos comprender la existencia de los demás seres como dependientes de la existencia física y mental, basada en los agregados, que son los componentes psicofísicos de los seres.

Pueda siempre estar atento
a todo pensamiento que hay en mi
mente y transformar todo estado
negativo en otro positivo.

Hacer cesar la negatividad depende de poder reemplazarla por los aspectos positivos, dado que la mente siempre se encuentra en actividad y en movimiento.

¿Cómo detectar los pensamientos y emociones negativos? El principal auxilio es la reflexión acerca de los resultados de las acciones, entonces estaremos en condiciones de percibir las positivas de las negativas y diferenciarlas.

También el autoesfuerzo por adquirir una mayor compasión y humildad, así como la idea de Dios, nos permiten diferenciar las buenas de las malas acciones.

Esto es la esencia de la practica para reeducar la mente que conduce al estado liberado de dolor y sufrimiento que es igual a nirvana, o estado mental iluminado.

No matar y no violencia, constituyen la primera abstención de todas y cada una de nuestras acciones para no dañar a los demás seres y compartir con todos ellos una vida en armonía.

Liberarse de los engaños motivados por estados mentales dispersos y emociones turbulentas, permite destruir la raíz del sufrimiento.

El verdadero y único enemigo son las aflicciones mentales y emocionales que causan todo dolor y sufrimiento.

La practica de la autodisciplina es entonces vencer estos estados mentales propios de la ignorancia y el descontrol, causados por una mente indisciplinada.

Para lograr hacer esto correctamente se debe poseer una atención constante enfocada sobre el interior y ser capaz de reflexionar e identificar los pensamientos y emociones incorrectos, para reemplazarlos rápidamente por sus contrarios.

Esto puede ser difícil al comienzo, pero luego en la medida que la mente indisciplinada, se va transformando en disciplinada, llega en nuestro auxilio el automatismo del subconsciente.

Los criminales y los fracasados, son aquellos que permiten que los pensamientos y emociones negativos surjan en su interior sin ponerles freno alguno, luego ya no hay forma de contrarrestarlos y conducen todas las acciones exteriores.

Por eso, como señaláramos al principio, el primer paso más importante es identificar y tomar conciencia de cada estado negativo, para poder contrarrestarlo luego.

De esta forma las negatividades internas pueden ser erradicadas de raíz, antes que se conviertan en acciones externas.

De acuerdo con la ley de los opuestos, siempre por cada negatividad, que conduce a los estados de engaño mental, existe una contraria positiva. Por ejemplo frente al orgullo existe la humildad.

Uno debe entonces reflexionar sobre la humildad y observar cómo aplicarla en la acción cotidiana.

Este entrenamiento constante es la esencia de la reeducación de la mente. Cuando la emoción negativa amenace con adueñarse de nuestro cerebro y actividad, uno debe apartar la atención de la misma y centrarla en su contraria positiva.

Este esfuerzo nos prepara para liberarnos de las emociones fluctuantes de placer y dolor, estableciéndonos en el cesar del sufrimiento que es nirvana.

Pueda yo siempre ver bondad
entre todos los seres más negativos
sin importar sus estados mentales
todos merecen bendición.

Este verso parte del reconocimiento que todos los seres somos en esencia semejantes y nos vemos afectados transitoriamente por diferentes estados mentales, que podemos distinguirlos como de mente indisciplinada y de mente disciplinada.

No importa cuánto se degraden los seres por las acciones incorrectas, cometidas por los diferentes grados de sus propias ignorancias, todos son merecedores de la misma bendición, sin hacer distinciones entre los buenos y los malos.

No se trata de aplicar piedad considerando como inferiores a los más ignorantes y por esto mismo, seres que más padecen el dolor y sufrimiento.

La compasión correcta permite tratar como seres semejantes y superiores a todos, sin hacer discriminación entre unos y otros. Esto es similar a la afirmación religiosa de que todos somos hijos de Dios.

Las bendiciones son para todos por igual, depende de la actitud interna cómo aprovechemos las mismas. La compasión siempre va acompañada por el amor afectuoso.

La compasión es el deseo de que todos los seres puedan verse libres de todo dolor y sufrimiento; mientras que el amor afectuoso es el deseo de felicidad hacia todos los seres.

La perfección de la compasión y el amor implica que sean libres de todo apego, de lo contrario subsiste en ellos la semilla de la ira y el odio.

De estar contaminada por el apego la compasión rápidamente puede degenerar en deseos negativos hacia las personas que no satisfacen nuestras expectativas.

Se alcanza la perfección en la practica de la compasión y el amor, cuando se comprende que todos buscamos por igual la felicidad y la eliminación de todo sufrimiento.

Todos gozamos del mismo derecho a dar satisfacción a esta necesidad básica. Esta verdad de nuestra semejanza entre todos los seres, es lo que permite la empatía universal.

Bajo esta perspectiva no existe prejuicio ni discriminación. Comprendida de éste modo esta compasión universal puede extenderse hacia todos los seres sentientes, sean racionales o no.

La esencia de la verdadera compasión es que es universal, no hace diferencias, lo que permite el estado de ecuanimidad mental.

Mediante la compasión universal, uno adquiere la capacidad de bendecir desde el corazón tanto a los amigos como a los enemigos.

La perfección de la ecuanimidad culmina en el desapego, que nos permite liberarnos de las formaciones mentales de nuestro interior, esto no implica indiferencia ante el mundo y la vida, sino que la mente ya no está atada a los frutos de la acción, por lo que se hace posible realizar acciones desinteresadas.

Hacer énfasis en que todos merecen bendiciones por igual, sin importar sus estados mentales y sus acciones tanto internas como externas, nos permite desarrollar el sentido de responsabilidad solidaria frente a nuestras acciones y medir sus impactos sobre terceras personas.

Cuando pensamos y actuamos en forma egoísta no nos importan los efectos de nuestros actos sobre los demás y el ambiente que nos rodea.

Pueda yo siempre pagar mal con
bien, aunque se trate del mejor
amigo que me haya traicionado
y no deje de ver que todos
los seres son sagrados.

Merecen especial atención todos los seres marcadamente negativos, porque ellos ponen a prueba nuestro entrenamiento de reeducación de la mente: Uno puede ante ellos caer en la tentación de reaccionar muy negativamente, como cuando nuestro mejor amigo traiciona nuestra confianza.

Existe el defecto en casi todas las sociedades humanas, a rechazar a ciertos grupos y tratar de excluirlos del resto de la comunidad.

Todos son merecedores del mismo trato y hasta el más criminal, cuando haya cumplido su condena, merece una segunda oportunidad de reinserción social.

La mente debe ser entrenada para sentir empatía hacia todos los seres y evitar discriminar.

Cuando sentimos afecto por una persona y le brindamos nuestra ayuda, esperamos una devolución positiva, pero si en cambio nos inflinge daño, reaccionamos con violenta indignación y odio.

Consideramos en esos momentos que es justificada nuestra violencia hacia esa persona.

Es aquí donde interviene la práctica, donde el entrenamiento nos enseña a ver que el amigo que nos traiciona es nuestro mejor maestro de paciencia y humildad.

Esto es en cuanto a la actitud interna correcta que debe mantenerse, lo que no significa que uno deba permanecer indiferente ante la injusticia cometida, al contrario, de acuerdo con la misma, debe aplicarse una fuerte contramedida, de acuerdo a la regla de tal para cual.

Pueda yo siempre ofrecer alegría
y bendición a todos los seres
y recibir en mi interior
todos sus dolores y sufrimiento.

Mediante la compasión o empatía universal, nos convertimos en aptos para contagiar con nuestra alegría a todos los seres del universo, extendiendo la misma mediante nuestra oración y meditación.

En la misma medida y por la ley de empatía, que permite interactuar entre sí a todos los seres, somos capaces de tomar sobre uno mismo todos los dolores y sufrimientos, haciéndolos arder en el fuego secreto de nuestra meditación introspectiva.

Esto se hace mediante las técnicas de inhalación y exhalación que no sólo nos conectan vitalmente con la vida, sino con todo el cosmos y con todos los seres, aún los que habiten en las galaxias más lejanas.

Esta acción de compasión y de asumir el dolor y sufrimiento de todos los seres debe ser realizada en secreto, evitando todo exhibicionismo, lo que sería caer en una forma de egoísmo.

Pueda yo siempre estar libre
de los intereses mundanos
y siempre consciente de que
todas las cosas son ilusorias.

Todo interés mundano está asociado con el egoísmo y significa un retroceso en la reeducación de la mente.

Las dos últimas líneas de este verso señalan la necesidad de afirmarse en la comprensión de la vacuidad o realidad última, para practicar la autodisciplina mental.

Mediante la meditación analítica uno debe hacerse consciente de la naturaleza ilusoria de todos los fenómenos y perfeccionar el desapego frente a todos ellos.

La negación de la sustancialidad de la existencia es lo que permite desarrollar la percepción de la naturaleza ilusoria de los fenómenos.

La naturaleza de la realidad es el surgir interdependiente. Los fenómenos carecen de una existencia independiente.

La comprensión de esto, es lo que permite la comprensión simultánea de la vacuidad, que permite una nueva percepción en la interacción personal con el mundo y con los objetos inmediatos.

Pueda yo siempre disponer
del despertar perfecto y
así todos los seres compartan del
mismo estado de mente iluminada.

La realidad es interdependiente y todos los seres interaccionan entre sí, sin importar las distancias de espacio y de tiempo, a través de la fuerza del pensamiento.

Poder permanecer a entera voluntad en el estado de mente iluminada o despertar perfecto, contagia su efecto a todos los seres de la Creación entera, por dentro del mismo momento.

Poder siempre disponer de tal estado hace referencia a que todos poseemos potencialmente la capacidad para mantener nuestras mentes disciplinadas y alcanzar la iluminación o nirvana, que es el cese del dolor y sufrimiento.

Pueda yo absorberme en lo Absoluto
y dejar de ser en lo individual
de modo que todos los seres
resulten igualmente beneficiados.

Hacer cesar al ego individual y reabsorber la mente en lo Absoluto, permite que todos los seres por la ley de empatía universal, sean igualmente perfeccionados y cada uno pueda dar el siguiente paso en su evolución.

Al cesar un yo individual, todos los seres de la Creación entera ocupan el lugar que se deja vacío.

* Este ensayo responde a la pregunta común respecto a cómo se debe meditar. Al concentrar la mente en emitir compasión y amor universal, se alcanza a realizar la Conciencia Cósmica. Tanto la compasión y el amor sin distinción hacia todos los seres, es el vehículo que permite la ampliación de la mente en forma ilimitadamente cósmica. Por esta razón este escrito es muy apropiado para ser leído antes de realizar la diaria rutina de la meditación.

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Podrá ver la realidad completa, desde lo que usted mismo es. Para hacer esto, usted debe proceder considerando que la sensación de su “yo” psicológico, con su historia personal o memoria cognoscitiva registrada y acumulada, no es el interior, sino que también forma parte de la estructura del “afuera”, de todo lo que es externo a usted y que no es usted mismo, en el sustrato propio de su esencia de existencia. Y, automáticamente, al despojarse de su falso interior de pensamientos y recuerdos activos, en forma de imaginación y proyección mediante el deseo, usted gozará, tal vez por primera vez, de un contacto o percepción directa de usted mismo.

Este fenómeno o efecto, se logra mediante la concentración sobre el sujeto, y luego superponiendo la percepción de todo el proceso, sobre la fuente de esta acción. Para intentar graficarlo, usted aísla su sentido del “Yo”, lo que en el fondo de su mente dice constantemente “Soy Esto”, el mundo queda “afuera” y deja solamente el “Yo Soy”. Al concentrarse, más profundamente, quita una capa más, deja “afuera” de la percepción de sí mismo al “Yo”, y deja solamente “Soy”. Es como mirar su imagen en el espejo. Primero, usted toma conciencia que es una imagen y no la realidad (aquí observa la identificación con su cuerpo físico, como resultado de una ilusión y autosugestión), luego se concentra en el acto mismo de ver (el espejo deja de ser el foco de atención, el observador mismo toma su lugar), y luego el proceso se completa con una tercera fase, donde la atención se centra no en el acto de la visión, sino en el veedor. Es una percepción directa del veedor, del verdadero sujeto detrás de toda la acción. El sujeto, se convierte en un mismo momento, en sujeto y objeto de sí mismo, y la dualidad se neutraliza.

Es un fenómeno que no se da en el objeto, ni en el sujeto en tanto sujeto de algún objeto, que no sea idéntico a sí mismo. Es decir, cuando el sujeto es objeto de sí mismo, y no hay espacio ni división entre lo visto, la visión y el veedor. Para decirlo en términos filosóficos, no se produce distinción entre objeto del conocimiento, sujeto del conocimiento y el conocimiento en sí mismo. Explicado de esta forma, parece fácil, pero es un engaño intelectual. Para realizarlo y materializarlo, físicamente, en nuestro cuerpo, antes es necesario poder desconectar la energía vital de todas nuestras extremidades y concentrarla únicamente en la médula espinal y en el cerebro.

Retraer y contener, dicha energía, en sus usinas naturales de producción: las redes neuronales. Producido este efecto, se apagan las centrales de percepción de los órganos sensoriales, el cerebro ya no recibe más sus señales, por lo que no hay reacción de respuesta y la mente se sosiega y tranquiliza. Sólo, en estado semejante, es posible la total y completa des-identificación con el cuerpo físico y la transferencia de conciencia o contacto, con cualquier otro objeto o ser viviente. O simplemente, enfocarse sobre uno mismo.

Budjo Maitreya

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