56 – Meditación dhyana

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MEDITACION DHYANA

Afirman las antiguas enseñanzas: poco a poco tu conciencia irá despertando. Preceptos milenarios como el hinduismo y el budismo muestran el camino a seguir para la obtención de la iluminación y en ambas, la meditación Dhyana es un componente protagónico, ya que se configura en un paso imprescindible en la senda de la autorrealización. Independientemente de que esté relacionado con el hinduismo, budismo o cualquier otra enseñanza oriental u occidental, el propósito final de toda doctrina o religión, es llevar al individuo a una comunión radiante con la divinidad universal.

Dhyana en el Yoga

De acuerdo al Asthanga , la meditación Dhyana es el séptimo paso o escalón en la escalera que lleva a la plenitud y es la antesala a la anhelada consecución del Samadhi, estado de totalidad en que se logra la autorrealización o iluminación. De acuerdo a la milenaria doctrina hindú, este camino requiere la superación de ocho etapas, estas son:

  • Yama: relacionada a los principios éticos y reglas para vivir en sociedad.

  • Niyama: tiene que ver con las disciplinas individuales y actitudes hacia uno mismo.

  • Asana: son un conjunto de posiciones físicas específicas del cuerpo.

  • Pranayama: se refiere al control de la respiración.

  • Prathyahara: es la etapa donde se desarrolla la restricción de los sentidos.

  • Dharana: está relacionada con la perfección de la concentración.

  • Dhyana: etapa concerniente al alcance de estados elevados de meditación.

  • Samadhi: absorción total, comprensión plena del ser y del universo.

Por similares que parezcan, no se deben confundir los términos, concentración con meditación. Todos necesitamos de la concentración para comprender, asimilar y aplicar cualquier tipo de información o conocimiento. El yoga hace una diferenciación clara: la concentración (Dharana) sexto paso del Ashtanga Yoga, se refiere al sostenimiento. Implica enfocar la mente en un objeto externo o un punto interno de manera continua y sin interrupciones. Mientras que la meditación (Dhyana), séptimo paso del yoga de ocho ramas, se refiere a liberar la mente, trascender la experiencia ordinaria y existir en un plano más alto que el de la razón. De este modo, Dharana (concentración) estabiliza la mente, mientras que Dhyana (meditación) hace olvidar el cuerpo y el mundo. Dharana y Dhyana son dos preceptos que están en diferentes niveles y queda claro que se requiere de concentración para poder meditar.

La meditación no es algo fácil de practicar; concentrar y controlar la mente no es algo trivial. Por el contrario, aquél que logra dominar su mente es alguien que es capaz de todo. En el acto de meditación se puede contar con la ayuda de apoyos como la recitación de mantras o la visualización en una imagen; sin embargo, debe aclararse que la meditación como técnica, no es más que una acción que se aprende y se practica; la meditación Dhyana se refiere a una etapa más profunda y elevada del acto de meditar. Dhyana es un estado que debe alcanzarse y no una actividad física o mental. Así como la concentración es un paso previo a la meditación, la meditación es un paso previo al Dhyana, ya que éste es un nivel supremo, un estado de la mente en el que no existen objetos ni pensamientos sensoriales, es el preludio para el estado más codiciado: el Samadhi o la iluminación del ser.

Importancia del Pranayama

Se puede meditar de manera objetiva y subjetiva; en el primer caso, se fija la atención sobre un ídolo o imagen y se le debe apreciar como un ser vivo que vibra con realidad suprema, omnipresente, omnisciente y omnipotente; se debe ser capaz de percibir y sentir sus cualidades, su belleza y su divinidad. Meditar es un acto que requiere de relajación e introspección, para lograr la meditación subjetiva se centra la atención en lo interno, a la vez que se busca tranquilizar el parloteo constante que se tiene en la mente; la principal manera de meditar subjetivamente es enfocando la mente en la respiración, practicando lo que en yoga se conoce como .

El Pranayama es una acción purificadora por excelencia, brinda pulcritud y exalta la luz del conocimiento. El proceso de control de la respiración es una práctica esencial en la milenaria tradición yoga. Al dominar el acto de respirar se controla de manera eficiente los diferentes movimientos del cuerpo y las diferentes corrientes nerviosas que se producen a través del organismo. Por medio de esta práctica, se logra controlar y desarrollar no sólo el cuerpo, sino la mente y el alma, logrando armonizar conscientemente la vida individual con la vida cósmica. La respiración controlada por el pensamiento a voluntad, es una fuerza que se puede utilizar para el desarrollo integral y se configura en una técnica que facilita la concentración, induce a la meditación y logra la superación.

Se conoce como Prana a las fuerzas vitales del cuerpo; por tanto Pranayama es el control sobre las corrientes de vida o fuerza vital interior. En otras palabras, si se puede controlar el Prana se puede regular por completo todas las fuerzas físicas, mentales y universales. Pranayama es el control perfecto de la vida a través del dominio de la respiración. De esta manera, se configura en una valiosa herramienta para lograr la meditación Dhyana.

Dhyana en el budismo

En analogía al hinduismo, los seguidores del budismo, reconocen que la meditación Dhyana tiene un rol sobresaliente, al ser uno de los componentes que integran el camino de la iluminación. De acuerdo a la enseñanza budista, una mente que se encuentra concentrada, purificada, brillante, intachable, libre de imperfección, maleable, manejable y estable, alcanza la imperturbabilidad y reconoce los verdaderos conocimientos que dan origen a un increíble avance de la conciencia. En las pautas del Buda Gautama, para alcanzar la plenitud del ser, se debe seguir el noble camino óctuple. Las etapas que conforman la senda budista en busca de la liberación son:

  1. La compresión perfecta: se refiere al entendimiento de las nobles verdades del budismo:

    • Entender que existe el sufrimiento.

    • Entender que el deseo es el origen del sufrimiento.

    • Entender que el cese del deseo extermina el sufrimiento.

  2. La emoción perfecta:  en esta etapa se asume la voluntad de practicar el budismo, se asume la intención de mantener un comportamiento éticamente correcto:

    • Renunciar a la vida mundana.

    • Actuar de buena fe.

    • Tener respeto absoluto a la integridad de todos los organismos vivientes.

  3. El habla perfecto: tiene que ver con la corrección de la palabra, el cultivo de la veracidad y la abstención de alteraciones en la expresión, asumiendo:

    • Evitar mentir.

    • Evitar la calumnia o difamación.

    • Evitar el irrespeto.

    • Evitar la frivolidad.

  4. La acción perfecta: se entiende como asumir un estilo de vida ejemplar, alejando las conductas inmorales o indeseables:

    • Abstenerse de quitar la vida.

    • Abstenerse de robar.

    • Inhibirse de tener conductas sexuales inapropiadas.

  5. La subsistencia perfecta: se refiere al medio de ganarse la vida; quien sigue el camino del desarrollo integral debe inhibirse de:

    • Traficar con personas o animales.

    • La venta o fabricación de armas.

    • La venta o fabricación de drogas y venenos.

    • Predecir el futuro, entre otros.

  6. El esfuerzo perfecto: a partir de esta etapa el desarrollo se enfoca en el control de la mente. En este nivel se induce la predisposición de pensamientos positivos y se insta a:

    • Prevenir la aparición de estados mentales inservibles.

    • Eliminar los estados mentales inservibles ya adquiridos.

    • Desarrollar estados mentales hábiles no surgidos.

    • Mantener estados mentales hábiles ya desarrollados.

  7. La atención perfecta: tiene que ver con la autoconciencia y procura controlar la distracción, perfeccionar la concentración, evitar la falta de continuidad de propósito por medio de una atención consiente de:

    • Las cosas.

    • Uno mismo.

    • Los demás.

    • La realidad.

  8. La concentración, meditación o absorción perfecta: etapa final del camino óctuple; es donde la meditación Dhyana aparece y se relaciona con  alcanzar un estado de concentración meditativa que trae sosiego, quietud y realizaciones espirituales. En la doctrina budista, alcanzar esta sabiduría pasa por experimentar cuatro Dhyanas:

    • Primer Dhyana (piti y sukha): es un nivel de meditación donde se alcanza el éxtasis y la felicidad derivados del desarraigo y del pensamiento discursivo.

    • Segundo Dhyana (dutiyajjhana): es aquí donde se tranquiliza y se relaja la mente gracias a la concentración en la conciencia propia.

    • Tercer Dhyana (tatiyajjhana): una vez desvanecido el éxtasis, surge la ecuanimidad, la atención, la conciencia y la contemplación elevada.

    • Cuarto Dhyana (catutthajjhana): es cuando se alcanza el estado del ser establecido en la realidad, en el que las experiencias sensoriales y las cosas materiales no significan nada; donde no existe deseo por ningún tipo de existencia condicionada y en el que no hay verdadero interés por nada que no sea la Iluminación. Es la absorción perfecta de todas las enseñanzas y sabidurías, la unión del ser con la divinidad.

Una vez alcanzado este estado de budeidad o iluminación, se ha concluido el recorrido del noble camino óctuple; se ha logrado la meta de superar la totalidad del proceso evolutivo superior, en donde la meditación o concentración meditativa conocida como Dhyana, tiene un papel trascendental por ser el vehículo que lleva al encuentro de la verdad universal.

Ciertamente lograr estos profundos estados meditativos es una labor ardua, compleja, laboriosa y enigmática; el Buda mismo, a pesar de su sabiduría destacada y elevada, necesitó años de práctica. Luego de alcanzar la iluminación, siguió practicando la meditación profunda Dhyana hasta el fin de sus días en este plano existencial. Sin embargo, la iluminación está al alcance de todos y sólo requiere tener la voluntad para asumir los retos, cambios y evoluciones que implica tan esclarecedora búsqueda.

Aunque meditar es una práctica milenaria en las culturas orientales, en la civilización occidental es de reciente aplicación y tiende a ser vista como una simple técnica para liberarse del estrés causado por las actividades diarias, desechando el verdadero valor que tiene. Las técnicas místicas que elevan a las personas a niveles superiores en doctrinas orientales como , encuentran en la meditación profunda, conocida como Dhyana, una esencia de naturaleza trascendental, que sirve de vehículo para el desarrollo de la conciencia personal.

Sin embargo, para disfrutar de los beneficios de la meditación profunda no es necesario convertirse a ninguna religión o filosofía diferente, si se combina la meditación con la práctica de actividades saludables, procurando hábitos que conecten con lo interior y llevando una vida éticamente correcta, con seguridad se logrará expandir el desarrollo individual y espiritual propio de todo ser humano.

A nivel físico la meditación ayuda a prolongar los procesos anabólicos de crecimiento y reparación, y a reducir los catabólicos o procesos de decaimiento. Normalmente los procesos anabólicos predominan hasta la edad de 18 años. De los 18 a los 35 hay un balance entre ambos, y luego de los 35 los procesos catabólicos predominan. La Meditación puede reducir significativamente el descenso catabólico. Esto es por la receptividad innata de las células del cuerpo.

Cada célula de nuestro cuerpo está gobernada por la mente instintiva subconsciente. Ambas tienen una conciencia individual y colectiva. Cuando los pensamientos y deseos fluyen en el cuerpo, las células se activan, el cuerpo siempre obedece a la demanda del grupo. Esta científicamente probado que los pensamientos positivos traen resultados positivos a las células. Como la meditación trae un estado positivo prolongado a la mente, rejuvenece las células del cuerpo y retarda el decaimiento.

Uno no puede aprender a meditar, no más de lo que uno puede aprender a dormir. Uno falla en ambas situaciones. Hay ciertos puntos a recordar relacionados con las técnicas y estados en la meditación.

Los 14 puntos de la Meditación
  1. La regularidad en el tiempo, lugar y práctica es muy importante. La regularidad condiciona a la mente para enlentecer sus actividades con un mínimo de retraso.

  2. Las horas más efectivas son al amanecer y al atardecer, cuando la atmósfera se carga con una fuerza espiritual especial. Si no es posible sentarse a meditar a estas horas, elige una hora en la que no estés involucrado con actividades diarias, una hora donde la mente esté apta para calmarse.

  3. Trata de tener un cuarto separado para la meditación. A medida que se repite la meditación, poderosas vibraciones se asentarán en esa área, una atmósfera de paz y pureza podrá sentirse.

  4. Cuando te sientes, mira hacia el norte o este para poder tomar ventaja de las vibraciones magnéticas favorables. Siéntate en una postura firme, confortable, las piernas cruzadas, la columna y el cuello erguidos sin tensiones.

  5. Antes de comenzar, ordena a la mente mantenerse quieta por un período de tiempo determinado. Olvida el pasado, presente y futuro.

  6. Regula la respiración conscientemente. Comienza con cinco minutos de respiración abdominal profunda para llevar oxígeno al cerebro. Luego enlentece el ritmo hasta hacerlo imperceptible.

  7. Mantén la respiración rítmica, inhala en tres segundos y exhala en tres segundos. La regularidad en la respiración regula también el fluir del prana, la energía vital.

  8. Permite que la mente divague al comienzo. Saltará de un lado a otro , pero eventualmente se volverá más concentrada, junto con la concentración de prana.

  9. No fuerces a la mente a mantenerse apacible, ya que esto se transformará en ondas cerebrales adicionales, impidiendo la meditación.

  10. Elige un punto de concentración en el cual la mente pueda descansar. Para las personas que son de naturaleza intelectual, será el Ajna Chakra, el punto entre las cejas. Para las personas más emocionales, se usa el Anahata o Chakra del Corazón. Nunca cambies este punto de concentración.

  11. Concéntrate en un objeto neutral o elevado, manteniendo esa imagen en el punto de concentración. Si usas un Mantra, repítelo mentalmente, y coordina la repetición con la respiración. Si no tienes un Mantra personal, utiliza Om. A pesar de que la repetición mental es más poderosa, el mantra puede repetirse en forma audible si uno comienza a sentirse soñoliento. Nunca cambies el Mantra.

  12. La repetición llevará al pensamiento puro, en el cual la vibración del sonido se une con la repetición mental, sin conciencia del significado. La repetición audible progresa y lleva a la repetición mental , de allí a la repetición telepática, y luego al pensamiento puro.

  13. Con práctica, la dualidad desaparece y se alcanza Samadhi o estado de super conciencia. No seas impaciente, ya que esto lleva tiempo.

  14. En Samadhi uno descansa en el estado de dicha, en el cual el conocedor, el conocimiento y lo conocido se vuelven uno. Este es el estado de super conciencia alcanzado por los místicos de todas las creencias y credos.

Si meditas por media hora, una hora en forma diaria, serás capaz de enfrentar la vida con paz y fortaleza espiritual. La Meditación es el tónico nervioso y mental más poderoso. La energía divina fluye libremente en el adepto durante la meditación, ejerce una influencia benigna en la mente, los nervios, los órganos sensoriales y el cuerpo. Abre la puerta a un conocimiento intuitivo y reinos de dicha eterna. La mente se vuelve calma y firme.

Fuente: http://www.relajemos.com/dhyana/

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