13 – Meditación Samatha

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AFIRMACIÓN DE LA SEMANA

Todas las circunstancias de mi vida, hasta mi mismo cuerpo, son fabricados por mi mente, proyectados y hechos todos por mi mente. Mi mente usa todos mis pensamientos como material, toda mi memoria, todas mis palabras todas, cargaré siempre en forma consciente mi mente con buenos pensamientos, con buenas palabras, con buenas memorias, con buenos sentimientos, para que mi mente siempre construya buenas circunstancias y éxitos en toda mi vida, salud y vitalidad en todo mi cuerpo.

La liberación es nuestra naturaleza misma. Nosotros somos eso. El hecho mismo de que deseemos la liberación muestra que la libertad de toda esclavitud es nuestra naturaleza real. No tiene que adquirirse como algo nuevo. Todo lo que se necesita es deshacerse de la falsa noción de que somos limitados. Cuando logramos eso, no hay ningún deseo o pensamiento de ninguna especie. Mientras uno desea la libera-ción, mientras usted quiere atraparla, uno está en la esclavitud.

Sri Ramana Maharshi

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imagen3EL RESULTADO DE LA MEDITACIÓN DEPENDERÁ DEL PERFIL SUBCONSCIENTE

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barraTu cerebro produce 80 mil pensamientos por día. Esta Fuerza es la esencia de tu Ser y destino, controlarla depende de poder silenciar la mente y reprogramar las impresiones subconscientes.

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META

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MEDITACIÓN SAMATHA

La meditación de tranquilidad Samatha. Según la tradición Theravada, en canon Pali meditación significa lugar de trabajo o campo de acción de la mente, siendo el objeto de meditación la causa próxima para el desarrollo mental. La meditación trae concentración y gozo a la mente. La entrena para desarrollar la atención consciente y la clara comprensión de la realidad.
En otras palabras, la meditación budista entrena a sus practicantes a realizar las tres características universales de la existencia, esto es, anicca, dukkha y anatta, en cada momento.
Si comprendes realmente anicca (impermanencia), por consiguiente también entiendes dukkha (insatisfacción), y anattā (no yo) como la verdad fundamental.
Con esta realización, y cuando la mente se purifica, surge la perspicacia. Dicha perspicacia resultará finalmente en la obtención de Nibbana.
Se dice que El Buda identificó dos cualidades de máxima importancia, que resultan de una práctica meditativa saludable:
Calma perdurable (Pali: Samatha), que fija, compone, unifica y concentra la mente;
Perspicacia (Pali: Vipassana), que le capacita a uno a explorar, discernir y ver las cosas como verdaderamente son.

Kammatthana es una palabra pali que literalmente significa lugar de trabajo. Figurativamente significa el lugar en la mente a donde uno va para trabajar en el desarrollo espiritual.
Se refiere a los cuarenta objetos canónicos de meditación (samatha kammatthana), detallados en el capítulo tercero del Visuddhimagga.
Los kammatthana no son colectivamente apropiados para todas las personas al mismo tiempo. Cada kammatthana puede ser prescrito, especialmente por un maestro, dependiendo del temperamento y el estado mental de cada uno.
7 clases de sujetos de meditación:
1)    Kasina – 10 objetos Kasina
2)    Asubha – 10 objetos cadáveres
3)    Annussati – 10 objetos de recuerdo
4)    Brahma-vihara – 4 sublimes moradas
5)    Aruppa – 4 esferas inmateriales
6)    Ahare-patikula-sanna – 1 Asco por la comida
7) Catu-dhatu-vavatthana 1 Análisis de los 4
elementos

Diez objetos que uno puede contemplar directamente (kasina) :
tierra, (2) agua, (3) fuego, (4) aire,
(5) azul, verde, (6) amarillo, (7) rojo, (8) blanco,
(9) espacio encerrado, (10) luz brillante.

Diez objetos de repulsión (asubha) :
(1) cadáver hinchado, (2) cadáver descolorido,
(3) cadáver purulento, (4) cadáver roto,
(5) cadáver roído, (6) cadáver desmembrado,
(7) cadáver disperso, (8) cadáver sangrante,
(9) cadáver devorado por los gusanos, (10) esqueleto.

Diez recuerdos (anussati) :
Recuerdos de la Triple Gema:
(1) Buda, (2) Dhamma, (3) Sangha.

Recuerdos de virtudes :
(4) moralidad (sila), (5) liberalidad (caga)
(6) los atributos saludables de los Devas.

Recuerdos de :
(7) paz, (8) muerte,
(9) respiración, (10) 32 partes del cuerpo.

Cuatro Brahma-viharas :

(1) Metta, (2) Karuna, (3) Mudita, (4) Upekkha.

Cuatro esferas inmateriales :
Infinidad del espacio
Infinidad de la consciencia
La nada
Ni percepción ni no-percepción.

Una (1) percepción de asco por la comida.

Un (1) análisis de los cuatro elementos.

Sujetos de meditación basados en el temperamento y el estado mental:
Codicioso : 10 objetos de repulsión; ó contemplación de las 32 partes del cuerpo.
Odioso: las 4 Brahma-viharas; ó, los kasinas de 4 colores.
Auto-engañado: atención consciente de la respiración.
Fiel: los 6 primeros recuerdos.
Inteligente: recuerdo de muerte o paz; la percepción o asco de la comida; ó el análisis de los 4 elementos.
Especulativo: atención consciente de la respiración.

Los seis kasinas sin color y los cuatro estados sin forma son adecuados para todos los temperamentos.
Meditación Samatha :
Conduce a la calma, la tranquilidad, Jhana.
40 tipos diferentes de objetos, dependiendo del temperamento. Enfoque en un sólo objeto.
Suprime temporalmente los 5 obstáculos.

Meditación Vipassana :
Conduce a perspicacias de la verdadera naturaleza de la existencia de anicca, dukkha, anatta.
Enfoque en los objetos siempre cambiantes.
Con el tiempo destruye los 5 obstáculos y todos los demás engaños mentales y alcanza Nibbana.

A través del desarrollo meditativo que conduce a la calma, uno es capaz de obscurecer los 5 obstáculos. Con las supresión de estos obstáculos, el desarrollo meditativo de perspicacia trae sabiduría liberadora.

En el Sutta del Árbol Kimsuka, El Buda dijo que la paz duradera y la perspicacia son el “rápido par de mensajeros” que entregan el mensaje de Nibbana vía El Noble Camino Óctuple.
De hecho, éstas son facetas indivisibles del mismo proceso. La calma conduce a la perspicacia y la perspicacia conduce a la calma.
La meditación Samatha calma la mente y orienta el sentido de la conciencia, fomenta las emociones positivas y expande nuestra perspectiva. Esta forma de meditación es una preparación esencial para las técnicas Vipassana o de visión clara, que son más avanzadas; sin esta base Samatha es muy poco probable que surja la visión clara, que es el objetivo de la meditación Vipassana.

Nuestro estado mental normal se encuentra dividido y a veces muy poco concentrado, afectado por emociones negativas y limitado por sus puntos de vista; por lo tanto en este estado no es posible percibir las cosas como realmente son. El objetivo de la meditación Samatha podría verse como el concentrar la luz y recargar las pilas, de tal manera que podamos ver claramente. O, si usamos una analogía budista más tradicional: nuestro estado mental normal podría compararse con agua turbulenta y llena de lodo, tan contaminada por la suciedad que no deja pasar la luz. La meditación Samatha calma la turbulencia de la mente y permite que se asiente el lodo, de tal forma que el agua alcance transparencia, brillantez y claridad.

Métodos tradicionales de meditación Samatha

La mayoría de las técnicas de meditación Samatha utilizan un objeto de concentración, que puede ser el proceso de la respiración, un disco de color, la llama de una vela, incluso un mantra o una emoción positiva tal como el amor Universal. De todos éstos diferentes objetos probablemente el que más se usa es la respiración. Esta práctica, generalmente conocida como “el seguimiento de la respiración”, es descrita por el Buda con detalle en los escritos tempranos. Estas técnicas de meditación nos proporcionan una forma directa de trabajar en nuestra persona y de cultivar dos cualidades de central importancia para el desarrollo meditacional: la concentración y la sensitividad.

El seguimiento de la respiración

El seguimiento de la respiración permite desarrollar un nivel de concentración que raramente se experimenta en nuestra vida normal; para muchos después de hacer esta meditación es una revelación sentirse tan conscientes. Consiste en transformar la respiración en un acto consciente, voluntario.

Niveles de profundidad en la meditación Samatha

No cabe duda que todo esto es sublime y es algo que puede estar al alcance de cualquier meditador regular. Sin embargo la meditación no siempre es así. En algunas ocasiones el meditador pasará por periodos en que meditar significa batallar con una mente llena de deseo insatisfecho, ira o conflicto. En estas ocasiones la meditación representa una tarea ardua. Sin embargo, aún cuando se experimentan dificultades, la meditación es un trabajo realmente útil debido a que nos permite tener un control gradual de estados mentales torpes, tanto en las sesiones de meditación como en el resto del día.

A pesar de que la meditación Samatha es una preparación para la práctica Vipassana, debe estar claro que no es algo simplemente preliminar. No es algo que tengamos que llevar a cabo a prisa para poder así empezar con el trabajo auténtico. Aunque no existiera la meditación Vipassana, todavía sería muy útil la meditación Samatha, ya que aún cuando puede ser ardua lleva a elevar los estados mentales dando al que medita calma y positividad. La meditación Samatha, en el mejor de los casos, es profundamente placentera y puede tener efectos muy grandes, dándole a nuestra experiencia de vida una perspectiva más amplia, clara y brillante.
La Meditación Samatha que calma la mente. Paz y emociones positivas

La meditación Samatha calma la mente y orienta el sentido de la conciencia, fomenta las emociones positivas y expande nuestra perspectiva.
Esta forma de meditación es una preparación esencial para las técnicas Vipassana o de visión clara, que son más avanzadas; sin esta base Samatha es muy poco probable que surja la visión clara; que es el objetivo de la meditación Vipassana.

Nuestro estado mental normal se encuentra dividido y a veces muy poco concentrado, afectado por emociones negativas y limitado por sus puntos de vista; por lo tanto en este estado no es posible percibir las cosas como realmente son.
Nuestro nivel de conciencia normal puede compararse con una mala linterna, que produce una luz difusa al tener las pilas gastadas. Por lo tanto no nos sirve para alumbrar en la oscuridad.

El objetivo de la meditación Samatha podría verse como el concentrar la luz y recargar las pilas, de tal manera que podamos ver claramente.
O, si usamos una analogía budista más tradicional: nuestro estado mental normal podría compararse con agua turbulenta y llena de lodo, tan contaminada por la suciedad que no deja pasar la luz.
La meditación Samatha calma la turbulencia de la mente y permite que se asiente el lodo, de tal forma que el agua alcance transparencia, brillantez y claridad.

Dos métodos tradicionales de meditación Samatha

La mayoría de las técnicas de meditación Samatha utilizan un objeto de concentración, que puede ser el proceso de la respiración, un disco de color, la llama de una vela, incluso un mantra o una emoción positiva tal como el amor Universal.

a) De todos éstos diferentes objetos probablemente el que más se usa es la respiración.

Esta práctica, generalmente conocida como “el seguimiento de la respiración”, es descrita por el Buda con detalle en los escritos tempranos y se usa, con variaciones, en la mayoría de las escuelas budistas.
El seguimiento de la respiración permite desarrollar un nivel de concentración que raramente se experimenta en nuestra vida normal; para muchos después de hacer esta meditación es una revelación sentirse tan conscientes.
La conciencia que se desarrolla en la meditación empezará a tener un efecto en nuestros estados mentales de todos los días, dando más claridad y más espacio en nuestra vida, con una nueva libertad para actuar de una forma más creativa.

Meditación Básica

La forma más básica de meditación se lleva a cabo atendiendo a la propia respiración.
Hay que empezar sentándose en una silla normal, manteniendo la espalda erecta si se puede.

Las posturas más tradicionales son la del loto, sentados sobre un cojín con cada pie apoyadosobre el muslo opuesto, y variaciones como el medio loto (un pie sobre el muslo opuesto y el otro estirado frente a la rodilla opuesta).
Esto es difícil para mucha gente. Algunos seponen de rodillas, sentados sobre sus piernas o sobre un cojín entre ellas. Muchos usan un banco de meditación: una vez arrodillados depositan un pequeño banco bajo su trasero.
Pero a meditación también puede realizarse estando de pie, caminado lentamente, tendidos en el suelo o ¡incluso en una butaca!

Tradicionalmente, las manos se dejan caer sueltas, con las palmas hacia arriba, una sobre la otra, y con los pulgares tocándose ligeramente. A esto se le llama el mudra cósmico, la primera de una larga serie de de posiciones simbólicas de las manos. De todos modos, se las puede dejar caer sobre los muslos, o en cualquier otra posición que uno encuentre confortable.

La cabeza debe mantenerse en alto, pero no rígida.
Los ojos pueden estar cerrados, o focalizados sobre un punto en el suelo un par de pies frente a uno, o mirando a las manos. Si sientes que te estás durmiendo, ¡mantenlos abiertos!

A los principiantes en la meditación se les pide a menudo que cuenten sus exhalaciones hasta diez. Luego se vuelve a empezar desde el uno. Si se pierde la cuenta, simplemente se vuelve a comenzar.
La respiración debe ser lenta y regular, pero no forzada o controlada artificialmente.
Simplemente hay que respirar con naturalidad e ir contando.

Unas pocas semanas después, se puede dejar de llevar la cuenta e intentar simplemente seguir la respiración.
Hay que concentrarse en la entrada y salida del aire.
Lo mejor es ser enteramente consciente de todo el proceso de la respiración, pero la mayoría de la gente se concentra en un aspecto o en otro: la sensación de frialdad seguida de calidez en la entrada de la nariz, o la elevación y descenso del diafragma.
Muchos meditadores sugieren que imaginemos el aire entrando y saliendo a través de un pequeño agujero de una o dos pulgadas bajo el ombligo. Mantener la mente en la parte baja del cuerpo ayuda a alcanzar una meditación profunda.
Pero si se tiene sueño, entonces es mejor centrarse más arriba, en la nariz.

Por supuesto, uno suele distraerse inevitablemente por los sonidos externos y por los pensamientos internos.
El modo de manejarlos es reconociendo estos distractores,aceptando su presencia, pero sin apegarse a ellos. No hay que dejarse atrapar por ellos. Simplemente hay que dejarlos existir, dejarlos pasar y volver a centrarse en la respiración.

Al principio, lo mejor es rascarse si sentimos picor y movernos un poco si nos sentimos incómodos. Más tarde, descubriremos que la misma atención disminuida que empleamos para los sonidos e ideas es igualmente útil para las sensaciones físicas.

Una forma de meditación más avanzada es shikantaza, o meditación en el vacío. Aquí, no se sigue ninguna instrucción. No existe la concentración, tan sólo una callada tranquilidad de conciencia. Retienes tu mente como si estuvieras preparado para que algo sucediera, pero no permites que tu mente se apegue a nada. Las cosas (sonidos, olores, dolores, pensamientos,imágenes) entran y salen a la deriva, como nubes bajo una brisa ligera. Ésta es mi favorita.

Mucha gente tiene serias dificultades con sus pensamientos. Estamos tan acostumbrados a nuestras mentes hiperactivas, que apenas nos damos cuenta de su estruendosa actividad. Así pues, cuando nos sentamos y nos ponemos a meditar por primera vez, toda esa actividad nos pilla fuera de juego.

Por ello, algunas personas encuentran útil emplear un poco de imaginación para ayudarse a meditar.
Por ejemplo, en lugar de llevar la cuenta o seguir la respiración, prefieren imaginar una escena idílica, quizá flotando en una cálida laguna, hasta que los sonidos de la mente terminan por extinguirse.

Es conveniente meditar durante quince minutos al día, preferiblemente al amanecer, antes de que la casa se llene de ruidos, o a última hora de la noche, cuando reina un completo silencio. Si esto es demasiado, se puede meditar una vez por semana si así se prefiere. O también más a menudo.

Ante todo, no hay que sentirse frustrado si las cosas no salen como uno imagina. Ni tampoco ser demasiado competitivo. No hay que empezar buscando de buenas a primeras la gran iluminación.
Si uno tiene grandes pensamientos, estupendo. Escríbalos, si así gusta.
Y luego vuelva a la respiración.
Si uno siente emociones poderosas, maravilloso.
Pero luego vuelva de nuevo a la respiración.
La respiración ES la iluminación.

b) Otra práctica de meditación Samatha es el “desarrollo del amor Universal”, en la que el meditador genera un poderoso sentimiento de amor Universal hacia sí mismo y hacia otros, usando este sentimiento como el objeto de concentración.

La práctica del desarrollo del “amor Universal” proporciona una forma directa de trabajar con las emociones, incrementando la autoestima y el cariño por otras personas.
Muchas personas que hacen esta práctica por primera vez se sorprenden al ver que es posible sentir emociones tan positivas e intensas.
Si los efectos de la meditación se refuerzan con un comportamiento ético, estos sentimientos pronto empezarán a extenderse a toda nuestra vida, donde parecerá tener un efecto casi “mágico”, mejorando nuestras relaciones interpersonales y a través de ellas, toda nuestra vida.

Niveles de profundidad en la meditación Samatha

Todas las técnicas Samatha tienen el objeto de inducir estados de concentración, unificando en la conciencia partes de nuestro ser de una manera armoniosa, tranquila y clara.
Si estamos llevando una vida ética en un ambiente favorable, que fomenta la satisfacción y las emociones positivas, cuando se medita se llega a transformar el vagabundeo mental que hay en la cabeza para dar lugar a sentimientos agradables de serenidad, quietud y tranquilidad.

Empezarán a disolverse los conflictos internos, reemplazando los elementos inquietos y egoístas por perspectivas más amplias y objetivas.
Al desarrollar estados meditativos puede que se experimenten olas de gozo, que parecen surgir de las profundidades de aquel que medita; en algunas personas estas olas serán tan fuertes que producirán profundos y agradables escalofríos.

Por otra parte, uno se saturará de emociones cálidas, de tal forma que se fundirá la parte emocional y la parte mental en una sola facultad, experimentándose todo con una nueva luz, más clara y brillante.

Los meditadores más experimentados pueden alcanzar estados aún más profundos, hasta llegar a niveles de inspiración en los que se disuelven los límites normales entre uno y el resto del mundo. Entonces pueden surgir en algunas personas los denominados poderes sobrenaturales, tales como la capacidad de ejercer un efecto benevolente en la experiencia de otros.
No cabe duda que todo esto es sublime y es algo que puede estar al alcance de cualquier meditador regular.

Sin embargo la meditación no siempre es así.
En algunas ocasiones el meditador pasará por periodos en que meditar significa batallar con una mente llena de deseo insatisfecho, ira o conflicto. En estas ocasiones la meditación representa una tarea ardua.
Sin embargo, aún cuando se experimentan dificultades, la meditación es un trabajo realmente útil debido a que nos permite tener un control gradual de estados mentales torpes, tanto en las sesiones de meditación como en el resto del día.

A pesar de que la meditación Samatha es una preparación para la práctica Vipassana, debe estar claro que no es algo simplemente preliminar. No es algo que tengamos que llevar a cabo a prisa para poder así empezar con el trabajo auténtico.
Aunque no existiera la meditación Vipassana, todavía sería muy útil la meditación Samatha, ya que aún cuando puede ser ardua lleva a elevar los estados mentales dando al meditador calma y positividad. La meditación Samatha, en el mejor de los casos, es profundamente placentera y puede tener efectos muy grandes, dándole a nuestra experiencia de vida una perspectiva más amplia, clara y brillante.

¿Qué es la concentración?

¿Qué es entonces la concentración (samatha)? Samatha es aquella parte de la meditación que responde a la concentración. Hay dos métodos principales de cultivar la concentración. Unos es prestar atención a la naturaleza de los objetos (anicca, dukkha, anatta), no a sus características peculiares y a sus cualidades (cualidad, positividad, color,…), la otra es retirar la mente de objetos no beneficiosos, y ponerla en objetos beneficiosos o neutros. La primera suele cultivarse más cuando nos dedicamos a crecer como un mango, la segunda suele cultivarse más cuando construimos la casa parte a parte. En el primer caso prestaríamos atención, por ejemplo a la naturaleza inestable del estado mental de ira, sin darle excesiva importancia, sin tomarla como una realidad autoexistente, en la segunda si surgiera un estado mental de ira, tan pronto como nos diéramos cuenta generaríamos un estado mental opuesto, por ejemplo, el amor hacia todos los seres o metta. En esta segunda, prestamos atención sólo a una parte de la experiencia, la positiva, y la magnificamos de modo tal que ocupe toda nuestra experiencia, de modo tal que la otra parte no pueda ocuparla, ni tan siquiera si nos agreden físicamente (a un nivel avanzado). De todos modos, es importante remarcar que uno practica sin codicia hacia uno u otro método. Esto es, si la ira me arrastra, y va a convertirse en una manifestación verbal o corporal, una persona sabia recurrirá lo antes posible al segundo sistema, esto es crear un substituto. Para aquellos interesados en otras vías de acción sugeridas cuando nos creemos la autoexistencia de la ira, pueden consultar “Removal of distracting thoughts” (Vitakkasanthana sutta: MN 20).

En este segundo caso, que es del que vamos a hablar ahora, la meditación se centra en cultivar un prisma de la experiencia, un aspecto de la experiencia, una manera de ver la experiencia o la vida. En lugar de verla desde todos los ángulos, ahora, como instrumento, como medio, nos quedamos sólo con una parte. Decidimos, en lugar de ver la botella medio vacía, verla siempre medio llena. En lugar de que el error ajeno ocupe toda nuestra percepción, entendemos que todos generamos errores. Como dijo una maestra a su hija un día que ésta se enfadó con alguien: “Yo no dejé de darte de comer porque un día te portaras mal” (lo cual, no quiere decir que el prisma de que se ha portado de forma no provechosa, no esté, sino que ahora, no atendemos a él, no le prestamos atención). Mediante el cultivo de la atención en estos aspectos positivos de la vida excluimos actitudes no positivas. Esto nos lleva a sentir sensaciones placenteras más estables que aquellas que conseguimos por el disfrute del contacto sensual, por ejemplo, el roce de algo suave en la piel, o tomar un caramelo para los que nos gusta el dulce. También es más estable porque el modo en que codificamos el mundo previene que surjan estados mentales no positivos. Por ejemplo, obtenemos una sensación placentera más estable cuando realizamos un acto de generosidad como puede ser compartir nuestra comida, que cuando realizamos el acto de comérnosla nosotros y no compartirla. Claro está, el grado de generosidad óptimo depende de nuestra capacidad de desprendimiento. Para uno puede ser compartir toda su comida y ayunar y para otro puede ser simplemente compartir un pedazo pequeñito. La acción positiva debe generar contento a largo plazo, y no debe ser desequilibrada lo que alimentaría el proceso discursivo. El nivel externo depende de las capacidades internas de cada uno, y el nivel adecuado es dependiente de esa situación coyuntural. La idea es generar sensaciones placenteras que no estén basadas en el contacto sensual, sino en el desarrollo de “ideas puras”. De este modo las cinco obstrucciones mentales (nivaranas), que son la codicia, el odio, la pereza y el letargo, la ansiedad y el desasosiego y la duda, se reducen.

En la meditación samatha para llegar a una concentración fuerte, estas maneras de ver el mundo no pueden manifestarse, y en caso de que se manifiesten son sustituidas inmediatamente por su opuesto, sino, el proceso de refinamiento mental se para.

De este modo, podemos, en un momento u otro, generar una atención continua en alguna de estas actitudes positivas o neutras, lo que nos llevaría a estar más cerca de la base mental que de las percepciones sensoriales. En ese momento la atención, que es un elemento que surge y cesa muchas veces por segundo, funcionará de forma repetida sobre un elemento positivo o neutro, excluyendo la atención a elementos inútiles o no provechosos. Es como una dinamo, cuando la atención contacta repetidamente, sin descanso, sobre estos objetos, entonces, podemos decir que la mente está concentrada, los elementos nocivos que distraen la atención no están presentes. Es a partir de este punto que podemos entrar en un estado de concentración absorbida profundo, donde los 5 sentidos no están operantes. A partir de aquí, si trabajáramos esta vía del samatha con un profesor cualificado, entraríamos en una serie mecánica de ejercicios para estabilizar, dominar y comprender la nueva experiencia que acabamos de descubrir, el primer jhana. Tras este repetiríamos el proceso con el 2, 3 y 4 jhana y después, o bien seguiríamos el mismo proceso con las bases o absorciones inmateriales, que también son 4 o bien comenzaríamos a trabajar los fundamentos de la atención, seguramente desde la atención a la mente y los contenidos mentales. De todos modos ahora no entraremos en ellos, pues no considero que sean una discusión útil como marco teórico. Sí lo son si uno está desarrollándolos como práctica.

Y esto, ¿cómo podemos hacerlo? Hay muchos métodos y puede hacerse tomando un objeto o varios, y objetos neutros o beneficiosos. ¿Un ejemplo de la tradición theravada con varios objetos positivos? Repetir continuamente las nueve acepciones del Buddha, una y otra vez y centrar la atención en ello. Eso nos permitiría, si somos estudiantes muy aplicados o con un buen karma pasado, conseguir un estadio de concentración profunda que todavía no es completamente absorto. ¿Por qué no? Porque estamos dividiendo la concentración en nueve objetos. ¿Y qué debemos hacer para absorberla? Debemos reducir el número de objetos a uno, de tal modo que podamos conseguir unidad mental (ekaggata [1]) en un objeto. En la meditación hacia vipassana, esta unidad mental funciona respecto a un objeto, pero como estamos entendiendo la naturaleza dependiente del objeto y de la atención, ambas cesan, y vuelven a resurgir.

Lo que sí nos interesa es saber para qué nos sirve este ejercicio de concentrar la mente al nivel de una absorción tan distinta a nuestro estado normal de la vida diaria. ¿Tiene eso algún sentido?

Bien, es simplemente un ejercicio mental que sirve como medio y no como fin para desarrollar la comprensión profunda. Algunos incluso se preguntarán si es necesario. Bueno, no es necesario. No es necesario desarrollarlo como un elemento separado, tal como lo estamos describiendo aquí y tal como respondería a una persona que desarrollara la visión cabal desarrollando primero las absorciones de concentración. De todos modos, para ver de forma cabal, aunque sea por un momento debe experimentarse la misma fuerza mental que estaría presente en una absorción de concentración, la misma concentración, el mismo desapego del proceso perceptivo sensual. Sería como una persona que se entrena a conducir un coche y debe pasar por un espacio donde el coche debe ir a 100 km por hora. Hay dos condiciones necesarias para superar la prueba: poner el coche a 100km por hora y que pase por ese lugar determinado a esa velocidad. El entrenamiento en concentración es como aprender a poner el coche a 100km por hora. Aprender a advertir la posibilidad de ponerlo a 100km por hora, aprender a mantenerlo, aprender a reducirlo, aprender a comprenderlo. Pero para que el ejercicio sea útil de un modo último, debemos ponerlo a 100km por hora en el lugar adecuado. Aquel que no practica una meditación de concentración para absorción meditativa (samatha-jhana) simplemente hace pasar el coche por el lugar adecuado a 100km por hora, pero no tiene la capacidad de poner a voluntad el coche a esa velocidad. Depende más de las condiciones externas, es más inestable. La bondad o no de la práctica de las absorciones de concentración depende más de las capacidades del practicante que de otra cosa. Ahora bien, si es una característica que uno posee es siempre de gran ayuda en meditación, y porque no decirlo, también para la vida diaria. Se imaginan, llegar a casa tras el día laborioso y poder absorber la mente en el arupa jhana del espacio infinito, donde nos centramos en un disco de color o luz abrimos un agujero y lo expandimos de tal modo que en ese momento experiencial todo nuestro universo es ese espacio. Permanecer allí dos horas y después de este descanso, vuelta a la realidad corporal. Si uno no la posee, es posible que sea bueno cultivarla, o es posible que haya otros caminos más adecuados para llegar a la visión cabal.
Los fundamentos de la atención

Si nos movemos por otros caminos que no sean el de la meditación de samatha-jhana como aproximación a la visión cabal, ¿qué podemos hacer? Uno de los caminos propuestos más comúnmente en la tradición theravada es el de asentar la atención. Se basa en el discurso de los fundamentos de la atención o satipatthana (que viene a decir sati: atención, patthana establecer o fundamentar). Este ejercicio, al igual que el resto de ejercicios y propuestas presentes en los escritos del Canon Pali, es una propuesta, no es algo rígido e inamovible, es una sugerencia y una presentación. Debemos comprenderla como tal, no como un dogma o verdad única, sino como una sugerencia de trabajo. El discurso nos propone establecer la atención en cuatro campos: el cuerpo, las sensaciones, la mente y los contenidos mentales. ¿Quiere decir esto que no hay más grupos de atención? No, quiere decir que el Buddha histórico, o la tradición, o quien fuera, organizó de este modo la exposición de cómo establecer la atención y que como hasta ahora funciona de manera útil y está aceptada y legitimada, se continúa utilizando.

Normalmente al comenzar, tomamos uno de los aspectos como principal, para que sea más sencillo trabajar. Posteriormente, los cuatro fundamentos en su conjunto, cuerpo, sensaciones, mente y contenidos mentales, funcionan como lugar de atención de un modo natural.

Ahora no analizaremos cada uno de estos grupos de atención. Sino que analizaremos aquello que debemos observar en cualquier objeto. Y esto, ¿qué es? Esto es conocer como surgen, como se desvanecen, y como surgen y se desvanecen. Es importante la palabra conocen, que es pajanati. Esto implica que no lo piensa, sino que lo experimenta. Que el ver que aquello que antes no estaba y ahora está, es una experiencia, que ver aquello que antes estaba ahora no está, es una experiencia, y que ver aquello que antes no estaba, está ahora y luego ya no está, esto, también es una experiencia.

La profundidad de trabajo propuesta por el Discurso de los fundamentos de la atención (satipatthana sutta) normalmente se infravalora. Esto es: en esta propuesta de trabajo se dice claramente (lo repite tras concluir cada sección o subsección, creo que son 32 veces), que el practicante practica, mora o habita, sin ser dependiente de otras cosas (anissito viharati), sin que esté presente en ese momento codicia alguna por las experiencias (na ca kinci loke upadiyati). Es importante también entender la palabra loke: mundo o experiencia, la explicamos a continuación. En la enseñanza del Buddha, el mundo es: aquello que compone nuestra experiencia; nuestra experiencia misma; y los elementos que nos permiten experimentar. Eso es el mundo. Por ejemplo, el ojo es el mundo, los objetos visuales son el mundo y la conciencia de ver, que surge en dependencia del ojo y la forma, es el mundo. En el campo de la mente también. La mente es el mundo, los objetos mentales son el mundo (desde una idea sobre algo, hasta la misma idea de yo) y el conocer esos objetos mentales también es el mundo.

Al principio del Sutta se explica cómo debemos morar cuando practicamos la atención en uno o más de los grupos de atención, fervientes, con comprensión, atentos (atapi sampajano satima), habiendo apartado de uno codicia y aversión por el mundo (vineyya loke abhijjhadomanassam).

Lo importante de esa independencia y esa ausencia de codicia por el mundo, es que es como expresa en palabras una fuerza de atención que es en realidad similar a la fuerza mental tras una absorción mental o jhana. O, para ser más precisos, si no es “igual”, sí nos permite también ver directamente la realidad tal como es (yathabhuta), lo cual no es sinónimo de entenderla, pero es al menos un paso previo importante e imprescindible. Esto es, antes de comprender algo (descrito en Pali con el verbo passati, ver) hemos de conocerlo, cognoscerlo, hacernos conscientes de ello (descrito en Pali con el verbo janami, conocer).

Este segundo modo de trabajar es más natural para muchos (como lo es para otros progresar por la vía del samatha) pues no requiere que nos centremos en una u otra experiencia, sino que comprendamos su naturaleza transitoria o impermanente. Por ello, podemos partir de nuestra experiencia misma, no hace falta que creemos otra, la practica misma ya va modificando de forma natural, según la secuencia de la mente, la experiencia.
Utilidad de la práctica

Bien, uno se preguntará, y a mi ¿para qué me sirven ambas cosas? ¿Para qué me sirven estos fundamentos de la atención si mi concentración no es todavía, ni mucho menos, independiente, ni libre de codicia hacia las cosas del mundo? O, ¿para qué me sirve saber estas cosas sobre el samatha si no tengo ni mucho menos la capacidad de tener la mente fuera de estados no provechosos?, cuanto más que vivo con frecuencia en estados no provechosos.

Bien, todo puede aplicarse desde un punto de vista metafórico. Aunque no podamos ver el surgir y cese de los objetos de experiencia últimos, ni de nosotros mismos, a un nivel tan preciso, sí que es cierto que podemos verlo en muchas cosas del día a día. Vemos como los gobiernos se suceden, el día y la noche se suceden, mi cuerpo cambia (quieren ver al niño pequeñito de la foto, al ágil adolescente, al trabajador, al jubilado, al hombre mayor con achaques, y al moribundo en la cama, ¡¡y decimos que es el mismo!!) mis estados de humor cambian, mis gustos y preferencias cambian,… El ver que ellos cambian y que, por lo tanto, en ellos no puede haber algo inmutable y el ver que están sujetos a cambio, nos permite dejar de darles importancia, o al menos, matizar su importancia. Nos permite también comprender que en cualquier momento, todos los cambios, tanto positivos como negativos nos pueden afectar. Esta reflexión, a través de nuestra propia observación, nos permite dar menos importancia a, lo que nos permite estar menos preocupados de, lo que nos permite que la metáfora en la que vivimos sea cada vez más sencilla, menos elaborada y más clara. No hay que complicarse excesivamente la vida para evitar algo que, por una u otra vía, es irremediable. Ello nos permite que la mente cada vez esté más concentrada, pues deja de dar importancia a muchas cosas que no la tienen, relativiza la importancia de muchas cosas y corre menos de aquí para allá buscando soluciones parciales como si fueran estables. Esa concentración nos permitirá, poco a poco, acercarnos a las cualidades de la mente necesarias para practicar de modo trascendente los cuatro fundamentos de la atención y, finalmente, que la atención more en los objetos de atención que nos propone el sutta. También nos permitirá alcanzar y establecer la concentración en los estados de jhana.

El discurso del grupo de discursos numéricos que citamos al principio enumera no dos, sino cuatro posibilidades. Que desarrolle primero la visión cabal y luego la concentración, primero la concentración y luego la visión cabal, ambas al mismo tiempo, y que el aquietamiento y unificación de la mente se dé tras un período de duda y agitación. Dado que el sutta habla a un nivel muy profundo, y nosotros hablamos a un nivel más acorde con nuestro estado actual, hemos sustituido visión cabal, por la atención que se centra en las características de transitoriedad, insustancialidad, sin núcleo o no perteneciente a un yo (anicca, dukkha y anatta). Estas cualidades pueden verse en cualquiera de los objetos sobre los que pongamos la atención: sean un concepto como “mi padre Mario” o sean una realidad última como el componente mental de metta. Sobre el concepto Mario podremos ver una transitoriedad donde parece que el objeto, esto es, mi padre, sea continuo, cuando nos centramos en una realidad última, el objeto no es continuo, lo único continuo es el proceso de resurgir, pero el objeto se desvanece al mismo tiempo que surge, pues la naturaleza de todo lo que surge es desvanecerse. Esto obviamente, comporta diferencias en el impacto que tiene sobre uno la experiencia. Por ello, cuando lo vemos de modo relativo, nos trae un conocimiento mundano o relativo, cuando lo vemos de un modo último, nos abre los vipassana nanas y en último caso, los conocimientos supramundanos.
Una indicación antes de concluir

Antes de acabar es importante remarcar primero que esto es una exposición. Lo importante es la práctica, sea cual sea el método que apliquemos. Eso es lo que da resultados.

Segundo que todo lo expresado en el artículo, versa sobre el camino, que no es muy relevante para quien ya ha alcanzado el fruto y que no son temas que pretendan ser rebatibles o no, sino dar esquemas básicos conceptuales que sirvan al practicante para satisfacer a su mente intelectual y conceptual en su ansia ordenadora y clasificadora. Es decir, no tiene utilidad práctica utilizar la exposición como medio para aumentar nuestras dudas sino como un esquema para resolverlas. Cuando esa duda se reduce, el pensamiento discursivo se aquieta y uno puede observar lo que está sucediendo con él mismo, su experiencia.
Instrucciones para la Práctica de Shámata
Instrucciones para la práctica de shámata
basadas en las
enseñanzas de Padmasambhava
En primer lugar, las preliminares.
Contemple los “Cuatro pensamientos que transforman la mente”:

1) el nacimiento humano precioso, 2) la impermanencia y la muerte, 3) el karma, la ley de causa y efecto, 4) el sufrimiento en los ciclos de la existencia condicionada.

Podrá leer enseñanzas sobre los cuatro pensamientos en los libros Puertas a la Práctica Budista de Chagdud Rinpoché y en Comentarios sobre la Práctica de Ngöndro, de Chagdud Khadro. Las contemplaciones, combinadas con el descansar de la mente, son en sí un entrenamiento en shámata.
Tome refugio y establezca la bodhicitta:

Con fe y devoción refúgiese en las Tres Joyas: el Buda, el Dharma y la Sangha.

Desarrolle la bodhicitta, la intención iluminada, pensando: “trabajaré continuamente por el bien de los seres sintientes, que han sido todos mis madres en vidas previas. Para consumar esa intención, alcanzaré la iluminación. Con ese fin domaré y entrenaré mi mente mi en la concentración meditativa de shámata, el calmo permanecer”.
En segundo lugar, la práctica principal.
Aquiete la mente a través de las tres posturas:

Cuerpo:

Absténgase de: 1) toda actividad mundana, 2) actividades religiosas que requieran movimiento, como postraciones y la cuenta de mantras en su mala y 3) todo y cualquier movimiento corporal. Siéntese en una buena postura de meditación, como la postura de los siete puntos de Vairochana, o por lo menos mantenga su espalda recta y los ojos abiertos, pero con la mirada dirigida hacia abajo.

Habla:

Absténgase de: 1) toda conversación común, 2) discusiones religiosas y 3) recitación de mantras y de liturgias.

Mente:

Absténgase de: 1) pensamientos negativos, 2) pensamientos positivos e 3) indagaciones intelectuales, tales como las que surgen en el contexto de las prácticas de Mahamudra o de Dzogchen.
El “calmo permanecer” concentrándose en un objeto externo:

Mire hacia abajo, a la altura de su nariz, en dirección al objeto que es el foco de su concentración, bien sea una sílaba semilla, una piedra, una pequeña estatua, o cualquier objeto pequeño. Préstele atención al objeto, sin distracción, evitando la percepción visual de los otros objetos. Permita que su mente descanse en el objeto, en concentración profunda. Si su atención se desvía, retome gentilmente el enfoque y descanse naturalmente.
El “calmo permanecer” concentrándose en un objeto visualizado:

La esfera blanca:

Manteniendo los ojos abiertos, con la mirada dirigida hacia abajo, visualice una pequeña esfera de luz blanca (en sánscrito, bindu; en tibetano, tigle) en su cabeza, entre las cejas. La esfera es vacía pero luminosa, brillante, resplandeciente, como un arcoíris. Preste atención a ella, pero permanezca relajado, de la forma más natural posible.

La esfera roja:

Manteniendo los ojos abiertos, con la mirada dirigida hacia abajo, visualice su cuerpo como si fuera transparente y hueco, como una vaina de luz, clara y vacía. Dentro de esta forma pura de su cuerpo, en el chacra del corazón, visualice una esfera de luz roja, del tamaño de la llama de una vela. Así como una llama ardiente, la esfera roja tiene una pincelada de luz azul. Preste atención a ella, permaneciendo relajado y natural.
En tercer lugar, la conclusión:
Finalizando la sesión:

Relaje su enfoque en el objeto y simplemente descanse la mente: está abierta, natural; está alerta. Cuando comiencen a surgir pensamientos, oriéntelos a la dedicación.
Dedicación:

Puede usar cualquier oración general de dedicación, inclusive la dedicación de la práctica concisa de Tara Roja. El mérito y la sabiduría de la meditación son ofrecidos a todos los seres, para que encuentren alivio de las emociones aflictivas y de la confusión de la existencia condicionada, y para que conozcan el espacio de pureza y lucidez que es su propia naturaleza búdica.
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La meditación no llega fácilmente. Así como los árboles crecen con lentitud y hay que esperar a la floración y a la maduración del fruto, para disfrutar de éste; la floración de la meditación es una paz inexpresable que impregna todo tu ser. El fruto de la meditación es un estadio de conciencia plena, el cual es indescriptible pues el meditador se funde con dicho estado. Y al fundirse totalmente no queda alguien para describir la experiencia. Swami Vishnu Devananda.

La primera práctica en el camino budista de la meditación se llama Shamata. Significa “morar en calma” o “meditar en la tranquilidad”. Para los budistas meditar consiste en el acto de concentración en un objeto en particular o en una idea. El dominio de la práctica de Shamata es esencial para formas de meditación más elaboradas como Vipassana.

Shamata son un conjunto de prácticas de meditación diseñadas para enfocar y desarrollar voluntariamente la atención. Su culminación es una atención que puede ser sostenida sin esfuerzo y que puede mantenerse por mucho tiempo.

Para su comprensión más simple, la práctica de shamata se encuentra a menudo dibujada en los monasterios budistas. En estos dibujos o frescos se explican gráficamente las nueve etapas de la meditación. Frecuentemente a estas pinturas se les conoce como “El camino al Nirvana”

La práctica de shamata usualmente se basa en un objeto de meditación que puede ser una imagen o la respiración. Cuando es la respiración, se inicia observado el leve fluir de ésta y posteriormente se va profundizando en la sensación.

La disciplina de la práctica de shamata es hacer que la mente vuelva una y otra vez al objeto de meditación. Si estás distraído, en el instante que te das cuenta, sencillamente vuelves a centrarte en la respiración. No hay que hacer nada más. Incluso preguntarse: ¿ porqué me he distraído tanto ? es otra distracción. La simplicidad de la atención, de volver a traer continuamente la mente a la respiración, la calma progresivamente.

Al principio puede que nos sintamos un tanto extraños, creyendo que al observar tenemos en el acto de respirar, a quién respira y a la respiración, cada uno por su lado. Pero lentamente, a medida que perfeccionamos la práctica y que nuestra mente se aquieta, el acto de respirar, quien respira y la respiración se vuelven uno y, finalmente es como si nos hubiéramos convertido en la respiración.

Según vamos perfeccionando esta práctica y nos unificamos con al respiración, al cabo de un tiempo, la respiración en sí como objeto de atención en nuestra prácticas, se disuelve y nos encontramos reposando en el momento presente. Este es el estado de estar centrado en un único punto que constituye el fruto y la finalidad de shamata.

A través de la práctica de permanecer en calma, nuestra mente se ha apaciguado, entrado en un estado de tranquilidad y ha hallado estabilidad. Al igual que la imagen de una cámara fotográfica se vuelve nítida al enfocarla, la atención centrada en un punto de shamata, permite que surja una creciente claridad de la mente.

Según van desvaneciéndose gradualmente los oscurecimientos del ego y su tendencia al aferramiento comienza a disolverse, la “visión clara” o vipasyana se manifiesta. En ese momento ya no necesitamos el ancla que supone morar en el presente y podemos progresar avanzado yendo incluso más allá de nuestro yo. Hacia la apertura que representa la sabiduría que comprende la ausencia del ego. Esto es lo que va a arrancar de tajo la ilusión y a liberarnos del samsara.

CALMAR LA MENTE
La meditación Samatha calma la mente y orienta el sentido de la conciencia, fomenta las emociones positivas y expande nuestra perspectiva. Esta forma de meditación es una preparación esencial para las técnicas Vipassana o de visión clara, que son más avanzadas; sin esta base Samatha es muy poco probable que surja la visión clara; que es el objetivo de la meditación Vipassana.

Nuestro estado mental normal se encuentra dividido y a veces muy poco concentrado, afectado por emociones negativas y limitado por sus puntos de vista; por lo tanto en este estado no es posible percibir las cosas como realmente son.

Nuestro nivel de conciencia normal puede compararse con una mala linterna, que produce una luz difusa al tener las pilas gastadas. Por lo tanto no nos sirve para alumbrar en la oscuridad. El objetivo de la meditación Samatha podría verse como el concentrar la luz y recargar las pilas, de tal manera que podamos ver claramente. O, si usamos una analogía budista más tradicional: nuestro estado mental normal podría compararse con agua turbulenta y llena de lodo, tan contaminada por la suciedad que no deja pasar la luz. La meditación Samatha calma la turbulencia de la mente y permite que se asiente el lodo, de tal forma que el agua alcance transparencia, brillantez y claridad.
Dos métodos tradicionales de meditación Samatha
La mayoría de las técnicas de meditación Samatha utilizan un objeto de concentración, que puede ser el proceso de la respiración, un disco de color, la llama de una vela, incluso un mantra o una emoción positiva tal como el amor Universal. De todos éstos diferentes objetos probablemente el que más se usa es la respiración. Esta práctica, generalmente conocida como “el seguimiento de la respiración”, es descrita por el Buda con detalle en los escritos tempranos y se usa, con variaciones, en la mayoría de las escuelas budistas. Otra práctica de meditación Samatha es el “desarrollo del amor Universal”, en la que el meditador genera un poderoso sentimiento de amor Universal hacia sí mismo y hacia otros, usando este sentimiento como el objeto de concentración.

Estas dos técnicas de meditación nos proporcionan una forma directa de trabajar en nuestra persona y de cultivar dos cualidades de central importancia para el desarrollo meditacional: la concentración y la sensitividad.

El seguimiento de la respiración
El seguimiento de la respiración permite desarrollar un nivel de concentración que raramente se experimenta en nuestra vida normal; para muchos después de hacer esta meditación es una revelación sentirse tan conscientes. La conciencia que se desarrolla en la meditación empezará a tener un efecto en nuestros estados mentales de todos los días, dando más claridad y más espacio en nuestra vida, con una nueva libertad para actuar de una forma más creativa.

Desarrollo de amor Universal
La práctica del desarrollo del “amor Universal” proporciona una forma directa de trabajar con las emociones, incrementando la autoestima y el cariño por otras personas. Muchas personas que hacen esta práctica por primera vez se sorprenden al ver que es posible sentir emociones tan positivas e intensas. Si los efectos de la meditación se refuerzan con un comportamiento ético, estos sentimientos pronto empezarán a extenderse a toda nuestra vida, donde parecerá tener un efecto casi “mágico”, mejorando nuestras relaciones interpersonales y a través de ellas, toda nuestra vida.

Niveles de profundidad en la meditación Samatha
Todas las técnicas Samatha tienen el objeto de inducir estados de concentración, unificando en la conciencia partes de nuestro ser de una manera armoniosa, tranquila y clara. Si estamos llevando una vida ética en un ambiente favorable, que fomenta la satisfacción y las emociones positivas, cuando se medita se llega a transformar el vagabundeo mental que hay en la cabeza para dar lugar a sentimientos agradables de ligereza, quietud y tranquilidad. Empezarán a disolverse los conflictos internos, reemplazando los elementos inquietos y egoístas por perspectivas mas amplias y objetivas. Al desarrollar estados meditativos puede que se experimenten olas de gozo, que parecen surgir de las profundidades de aquel que medita; en algunas personas estas olas serán tan fuertes que producirán profundos y agradables escalofríos. Por otra parte, uno se saturará de emociones cálidas, de tal forma que se fundirá la parte emocional y la parte mental en una sola facultad, experimentándose todo con una nueva luz, más clara y brillante. Los meditadores más experimentados pueden alcanzar estados aún más profundos, hasta llegar a niveles de inspiración en los que se disuelven los límites normales entre uno y el resto del mundo. Entonces pueden surgir en algunas personas los denominados poderes sobrenaturales, tales como la capacidad de ejercer un efecto benevolente en la experiencia de otros.

No cabe duda que todo esto es sublime y es algo que puede estar al alcance de cualquier meditador regular. Sin embargo la meditación no siempre es así. En algunas ocasiones el meditador pasará por periodos en que meditar significa batallar con una mente llena de deseo insatisfecho, ira o conflicto. En estas ocasiones la meditación representa una tarea ardua. Sin embargo, aún cuando se experimentan dificultades, la meditación es un trabajo realmente útil debido a que nos permite tener un control gradual de estados mentales torpes, tanto en las sesiones de meditación como en el resto del día.

A pesar de que la meditación Samatha es una preparación para la práctica Vipassana, debe estar claro que no es algo simplemente preliminar. No es algo que tengamos que llevar a cabo a prisa para poder así empezar con el trabajo auténtico. Aunque no existiera la meditación Vipassana, todavía sería muy útil la meditación Samatha, ya que aún cuando puede ser ardua lleva a elevar los estados mentales dando al meditador calma y positividad. La meditación Samatha, en el mejor de los casos, es profundamente placentera y puede tener efectos muy grandes, dándole a nuestra experiencia de vida una perspectiva más amplia, clara y brillante.
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AMPLIAR LA CONCIENCIA

La meditación Samatha calma la mente y orienta el sentido de la conciencia, fomenta las emociones positivas y expande nuestra perspectiva. Esta forma de meditación es una preparación esencial para las técnicas Vipassana o de visión clara, que son más avanzadas; sin esta base Samatha es muy poco probable que surja la visión clara, que es el objetivo de la meditación Vipassana.

Nuestro estado mental normal se encuentra dividido y a veces muy poco concentrado, afectado por emociones negativas y limitado por sus puntos de vista; por lo tanto en este estado no es posible percibir las cosas como realmente son. El objetivo de la meditación Samatha podría verse como el concentrar la luz y recargar las pilas, de tal manera que podamos ver claramente. O, si usamos una analogía budista más tradicional: nuestro estado mental normal podría compararse con agua turbulenta y llena de lodo, tan contaminada por la suciedad que no deja pasar la luz. La meditación Samatha calma la turbulencia de la mente y permite que se asiente el lodo, de tal forma que el agua alcance transparencia, brillantez y claridad.

Métodos tradicionales de meditación Samatha

La mayoría de las técnicas de meditación Samatha utilizan un objeto de concentración, que puede ser el proceso de la respiración, un disco de color, la llama de una vela, incluso un mantra o una emoción positiva tal como el amor Universal. De todos éstos diferentes objetos probablemente el que más se usa es la respiración. Esta práctica, generalmente conocida como “el seguimiento de la respiración”, es descrita por el Buda con detalle en los escritos tempranos. Estas técnicas de meditación nos proporcionan una forma directa de trabajar en nuestra persona y de cultivar dos cualidades de central importancia para el desarrollo meditacional: la concentración y la sensitividad.

El seguimiento de la respiración

El seguimiento de la respiración permite desarrollar un nivel de concentración que raramente se experimenta en nuestra vida normal; para muchos después de hacer esta meditación es una revelación sentirse tan conscientes. Consiste en transformar la respiración en un acto consciente, voluntario.

Niveles de profundidad en la meditación Samatha

No cabe duda que todo esto es sublime y es algo que puede estar al alcance de cualquier meditador regular. Sin embargo la meditación no siempre es así. En algunas ocasiones el meditador pasará por periodos en que meditar significa batallar con una mente llena de deseo insatisfecho, ira o conflicto. En estas ocasiones la meditación representa una tarea ardua. Sin embargo, aún cuando se experimentan dificultades, la meditación es un trabajo realmente útil debido a que nos permite tener un control gradual de estados mentales torpes, tanto en las sesiones de meditación como en el resto del día.

A pesar de que la meditación Samatha es una preparación para la práctica Vipassana, debe estar claro que no es algo simplemente preliminar. No es algo que tengamos que llevar a cabo a prisa para poder así empezar con el trabajo auténtico. Aunque no existiera la meditación Vipassana, todavía sería muy útil la meditación Samatha, ya que aún cuando puede ser ardua lleva a elevar los estados mentales dando al que medita calma y positividad. La meditación Samatha, en el mejor de los casos, es profundamente placentera y puede tener efectos muy grandes, dándole a nuestra experiencia de vida una perspectiva más amplia, clara y brillante.

La Meditación Vipassana

Para la mayoría de la gente el fruto inmediato de la práctica budista es un estado de mayor calma, positividad y conciencia, junto con una sensación de crecimiento, plenitud y satisfacción. Sin embargo todas estas cualidades, por positivas que sean, no son todo el objetivo de la meditación. Son cualidades deseables pero sujetas al cambio. Incluso el ser humano más sano puede verse afectado por el cambio cuando este sucede con la adversidad, la enfermedad, vejez o muerte. En estas situaciones necesitamos ser algo más que seres humanos saludables.

El primer estadio común en las meditaciones Vipassana consiste en el establecimiento de una calidad meditativa firme usando alguna de las practicas Samatha. Una vez que se ha establecido esta calidad meditativa, la persona tiene que dejar que su atención se centre en algo que represente o simbolice algún aspecto de la realidad última; esta representación puede darse por medio de palabras o de una imagen visual. Dejamos que este “símbolo” impregne la conciencia serena y concentrada del meditador, de tal forma que pueda llevar a una visión clara y genuina de la verdad que representa. Otra forma de llegar a Vipassana es cuando una vez que se establece el estado meditativo, la persona puede concentrarse en la naturaleza misma de la mente, o puede volverse intensamente consciente de su experiencia de cada instante, con el objetivo de alcanzar una visión clara de la naturaleza de la realidad que se está experimentando.

Ya se ha observado que la visión clara, dentro del contexto budista, no se refiere únicamente a una comprensión intelectual. Es importante que esto quede claro. Nuestra mente racional ocupa tan solo una pequeña parte de nuestra psique. Un entendimiento intelectual del mundo o de nuestra persona puede ser una revelación, sin embargo no es suficiente para cambiar nuestra conducta o nuestra perspectiva. La visión clara genuina impregna y altera nuestro ser en su totalidad. Para experimentar una visión clara y verdadera necesitamos encontrarnos en un estado especial y más elevado. Necesitamos establecer los cimientos de la meditación Samatha antes de que pueda ser eficaz nuestra meditación de la visión clara. No es posible alcanzar la meta del budismo, la Iluminación simplemente leyendo libros, estudiando o filosofando, por valiosas que puedan ser estas actividades.

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Dos métodos tradicionales de meditación Samatha
La mayoría de las técnicas de meditación Samatha utilizan un objeto de concentración, que puede ser el proceso de la respiración, un disco de color, la llama de una vela, incluso un mantra o una emoción positiva tal como el amor Universal. De todos éstos diferentes objetos probablemente el que más se usa es la respiración. Esta práctica, generalmente conocida como “el seguimiento de la respiración”, es descrita por el Buda con detalle en los escritos tempranos y se usa, con variaciones, en la mayoría de las escuelas budistas. Otra práctica de meditación Samatha es el “desarrollo del amor Universal”, en la que el meditador genera un poderoso sentimiento de amor Universal hacia sí mismo y hacia otros, usando este sentimiento como el objeto de concentración.

Estas dos técnicas de meditación nos proporcionan una forma directa de trabajar en nuestra persona y de cultivar dos cualidades de central importancia para el desarrollo meditacional: la concentración y la sensitividad.

El seguimiento de la respiración
El seguimiento de la respiración permite desarrollar un nivel de concentración que raramente se experimenta en nuestra vida normal; para muchos después de hacer esta meditación es una revelación sentirse tan conscientes. La conciencia que se desarrolla en la meditación empezará a tener un efecto en nuestros estados mentales de todos los días, dando más claridad y más espacio en nuestra vida, con una nueva libertad para actuar de una forma más creativa.
Desarrollo de amor Universal
La práctica del desarrollo del “amor Universal” proporciona una forma directa de trabajar con las emociones, incrementando la autoestima y el cariño por otras personas. Muchas personas que hacen esta práctica por primera vez se sorprenden al ver que es posible sentir emociones tan positivas e intensas. Si los efectos de la meditación se refuerzan con un comportamiento ético, estos sentimientos pronto empezarán a extenderse a toda nuestra vida, donde parecerá tener un efecto casi “mágico”, mejorando nuestras relaciones interpersonales y a través de ellas, toda nuestra vida.

Niveles de profundidad en la meditación Samatha
Todas las técnicas Samatha tienen el objeto de inducir estados de concentración, unificando en la conciencia partes de nuestro ser de una manera armoniosa, tranquila y clara. Si estamos llevando una vida ética en un ambiente favorable, que fomenta la satisfacción y las emociones positivas, cuando se medita se llega a transformar el vagabundeo mental que hay en la cabeza para dar lugar a sentimientos agradables de ligereza, quietud y tranquilidad. Empezarán a disolverse los conflictos internos, reemplazando los elementos inquietos y egoístas por perspectivas mas amplias y objetivas. Al desarrollar estados meditativos puede que se experimenten olas de gozo, que parecen surgir de las profundidades de aquel que medita; en algunas personas estas olas serán tan fuertes que producirán profundos y agradables escalofríos. Por otra parte, uno se saturará de emociones cálidas, de tal forma que se fundirá la parte emocional y la parte mental en una sola facultad, experimentándose todo con una nueva luz, más clara y brillante. Los meditadores más experimentados pueden alcanzar estados aún más profundos, hasta llegar a niveles de inspiración en los que se disuelven los límites normales entre uno y el resto del mundo. Entonces pueden surgir en algunas personas los denominados poderes sobrenaturales, tales como la capacidad de ejercer un efecto benevolente en la experiencia de otros.

No cabe duda que todo esto es sublime y es algo que puede estar al alcance de cualquier meditador regular. Sin embargo la meditación no siempre es así. En algunas ocasiones el meditador pasará por periodos en que meditar significa batallar con una mente llena de deseo insatisfecho, ira o conflicto. En estas ocasiones la meditación representa una tarea ardua. Sin embargo, aún cuando se experimentan dificultades, la meditación es un trabajo realmente útil debido a que nos permite tener un control gradual de estados mentales torpes, tanto en las sesiones de meditación como en el resto del día.

A pesar de que la meditación Samatha es una preparación para la práctica Vipassana, debe estar claro que no es algo simplemente preliminar. No es algo que tengamos que llevar a cabo a prisa para poder así empezar con el trabajo auténtico. Aunque no existiera la meditación Vipassana, todavía sería muy útil la meditación Samatha, ya que aún cuando puede ser ardua lleva a elevar los estados mentales dando al meditador calma y positividad. La meditación Samatha, en el mejor de los casos, es profundamente placentera y puede tener efectos muy grandes, dándole a nuestra experiencia de vida una perspectiva más amplia, clara y brillante.

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1. La Meditación Samatha que calma la mente. Paz y emociones positivas

La meditación Samatha calma la mente y orienta el sentido de la conciencia, fomenta las emociones positivas y expande nuestra perspectiva.
Esta forma de meditación es una preparación esencial para las técnicas Vipassana o de visión clara, que son más avanzadas; sin esta base Samatha es muy poco probable que surja la visión clara; que es el objetivo de la meditación Vipassana.

Nuestro estado mental normal se encuentra dividido y a veces muy poco concentrado, afectado por emociones negativas y limitado por sus puntos de vista; por lo tanto en este estado no es posible percibir las cosas como realmente son.
Nuestro nivel de conciencia normal puede compararse con una mala linterna, que produce una luz difusa al tener las pilas gastadas. Por lo tanto no nos sirve para alumbrar en la oscuridad.

El objetivo de la meditación Samatha podría verse como el concentrar la luz y recargar las pilas, de tal manera que podamos ver claramente.
O, si usamos una analogía budista más tradicional: nuestro estado mental normal podría compararse con agua turbulenta y llena de lodo, tan contaminada por la suciedad que no deja pasar la luz.
La meditación Samatha calma la turbulencia de la mente y permite que se asiente el lodo, de tal forma que el agua alcance transparencia, brillantez y claridad.

Dos métodos tradicionales de meditación Samatha

La mayoría de las técnicas de meditación Samatha utilizan un objeto de concentración, que puede ser el proceso de la respiración, un disco de color, la llama de una vela, incluso un mantra o una emoción positiva tal como el amor Universal.

a) De todos éstos diferentes objetos probablemente el que más se usa es la respiración.

Esta práctica, generalmente conocida como “el seguimiento de la respiración”, es descrita por el Buda con detalle en los escritos tempranos y se usa, con variaciones, en la mayoría de las escuelas budistas.
El seguimiento de la respiración permite desarrollar un nivel de concentración que raramente se experimenta en nuestra vida normal; para muchos después de hacer esta meditación es una revelación sentirse tan conscientes.
La conciencia que se desarrolla en la meditación empezará a tener un efecto en nuestros estados mentales de todos los días, dando más claridad y más espacio en nuestra vida, con una nueva libertad para actuar de una forma más creativa.

Meditación Básica

La forma más básica de meditación se lleva a cabo atendiendo a la propia respiración.
Hay que empezar sentándose en una silla normal, manteniendo la espalda erecta si se puede.

Las posturas más tradicionales son la del loto, sentados sobre un cojín con cada pie apoyadosobre el muslo opuesto, y variaciones como el medio loto (un pie sobre el muslo opuesto y el otro estirado frente a la rodilla opuesta).
Esto es difícil para mucha gente. Algunos seponen de rodillas, sentados sobre sus piernas o sobre un cojín entre ellas. Muchos usan un banco de meditación: una vez arrodillados depositan un pequeño banco bajo su trasero.
Pero a meditación también puede realizarse estando de pie, caminado lentamente, tendidos en el suelo o ¡incluso en una butaca!

Tradicionalmente, las manos se dejan caer sueltas, con las palmas hacia arriba, una sobre la otra, y con los pulgares tocándose ligeramente. A esto se le llama el mudra cósmico, la primera de una larga serie de de posiciones simbólicas de las manos. De todos modos, se las puede dejar caer sobre los muslos, o en cualquier otra posición que uno encuentreconfortable.

La cabeza debe mantenerse en alto, pero no rígida.
Los ojos pueden estar cerrados, ofocalizados sobre un punto en el suelo un par de pies frente a uno, o mirando a las manos. Sisientes que te estás durmiendo, ¡mantenlos abiertos!

A los principiantes en la meditación se les pide a menudo que cuenten sus exalaciones hasta diez. Luego se vuelve a empezar desde el uno. Si se pierde la cuenta, simplemente se vuelve a comenzar.
La respiración debe ser lenta y regular, pero no forzada o controlada rtificialmente.
Simplemente hay que respirar con naturalidad e ir contando.

Unas pocas semanas después, se puede dejar de llevar la cuenta e intentar simplementeseguir la respiración.
Hay que concentrarse en la entrada y salida del aire.
Lo mejor es ser enteramente consciente de todo el proceso de la respiración, pero la mayoría de la gente se concentra en un aspecto o en otro: la sensación de frialdad seguida de calidez en la entrada de la nariz, o la elevación y descenso del diafragma.
Muchos meditadores sugieren que imaginemos el aire entrando y saliendo a través de un pequeño agujero de una o dos pulgadas bajo el ombligo. Mantener la mente en la parte baja del cuerpo ayuda a alcanzar una meditación profunda.
Pero si se tiene sueño, entonces es mejor centrarse más arriba, en la ariz.

Por supuesto, uno suele distraerse inevitablemente por los sonidos externos y por lospensamientos internos.
El modo de manejarlos es reconociendo estos distractores,aceptando su presencia, pero sin apegarse a ellos. No hay que dejarse atrapar por ellos.Simplemente hay que dejarlos existir, dejarlos pasar y volver a centrarse en la respiración.

Al principio, lo mejor es rascarse si sentimos picor y movernos un poco si nos sentimos incómodos. Más tarde, descubriremos que la misma atención disminuida que empleamos para los sonidos e ideas es igualmente útil para las sensaciones físicas.

Una forma de meditación más avanzada es shikantaza, o meditación en el vacío. Aquí, no se sigue ninguna instrucción. No existe la concentración, tan sólo una callada tranquilidad deconciencia. Retienes tu mente como si estuvieras preparado para que algo sucediera, pero nopermites que tu mente se apegue a nada. Las cosas (sonidos, olores, dolores, pensamientos,imágenes) entran y salen a la deriva, como nubes bajo una brisa ligera. Ésta es mi favorita.

Mucha gente tiene serias dificultades con sus pensamientos. Estamos tan acostumbrados anuestras mentes hiperactivas, que apenas nos damos cuenta de su estruendosa actividad. Así pues, cuando nos sentamos y nos ponemos a meditar por primera vez, toda esa actividadnos pilla fuera de juego.

Por ello, algunas personas encuentran útil emplear un poco deimaginación para ayudarse a meditar.
Por ejemplo, en lugar de llevar la cuenta o seguir larespiración, prefieren imaginar una escena idílica, quizá flotando en una cálida laguna, hastaque los sonidos de la mente terminan por extinguirse.

Es conveniente meditar durante quince minutos al día, preferiblemente al amanecer, antes de que la casa se llene de ruidos, o a última hora de la noche, cuando reina un completo silencio.Si esto es demasiado, se puede meditar una vez por semana si así se prefiere. O también más a menudo.

Ante todo, no hay que sentirse frustrado si las cosas no salen como uno imagina.Ni tampoco ser demasiado competitivo. No hay que empezar buscando de buenas a primeras la gran iluminación.
Si uno tiene grandes pensamientos, estupendo. Escríbalos, si así gusta.
Y luego vuelva a la respiración.
Si uno siente emociones poderosas, maravilloso.
Pero luego vuelva de nuevo a la respiración.
La respiración ES la iluminación.

b) Otra práctica de meditación Samatha es el “desarrollo del amor Universal”, en la que el meditador genera un poderoso sentimiento de amor Universal hacia sí mismo y hacia otros, usando este sentimiento como el objeto de concentración.

La práctica del desarrollo del “amor Universal” proporciona una forma directa de trabajar con las emociones, incrementando la autoestima y el cariño por otras personas.
Muchas personas que hacen esta práctica por primera vez se sorprenden al ver que es posible sentir emociones tan positivas e intensas.
Si los efectos de la meditación se refuerzan con un comportamiento ético, estos sentimientos pronto empezarán a extenderse a toda nuestra vida, donde parecerá tener un efecto casi “mágico”, mejorando nuestras relaciones interpersonales y a través de ellas, toda nuestra vida.

Niveles de profundidad en la meditación Samatha

Todas las técnicas Samatha tienen el objeto de inducir estados de concentración, unificando en la conciencia partes de nuestro ser de una manera armoniosa, tranquila y clara.
Si estamos llevando una vida ética en un ambiente favorable, que fomenta la satisfacción y las emociones positivas, cuando se medita se llega a transformar el vagabundeo mental que hay en la cabeza para dar lugar a sentimientos agradables de serenidad, quietud y tranquilidad.

Empezarán a disolverse los conflictos internos, reemplazando los elementos inquietos y egoístas por perspectivas más amplias y objetivas.
Al desarrollar estados meditativos puede que se experimenten olas de gozo, que parecen surgir de las profundidades de aquel que medita; en algunas personas estas olas serán tan fuertes que producirán profundos y agradables escalofríos.

Por otra parte, uno se saturará de emociones cálidas, de tal forma que se fundirá la parte emocional y la parte mental en una sola facultad, experimentándose todo con una nueva luz, más clara y brillante.

Los meditadores más experimentados pueden alcanzar estados aún más profundos, hasta llegar a niveles de inspiración en los que se disuelven los límites normales entre uno y el resto del mundo. Entonces pueden surgir en algunas personas los denominados poderes sobrenaturales, tales como la capacidad de ejercer un efecto benevolente en la experiencia de otros.
No cabe duda que todo esto es sublime y es algo que puede estar al alcance de cualquier meditador regular.

Sin embargo la meditación no siempre es así.
En algunas ocasiones el meditador pasará por periodos en que meditar significa batallar con una mente llena de deseo insatisfecho, ira o conflicto. En estas ocasiones la meditación representa una tarea ardua.
Sin embargo, aún cuando se experimentan dificultades, la meditación es un trabajo realmente útil debido a que nos permite tener un control gradual de estados mentales torpes, tanto en las sesiones de meditación como en el resto del día.

A pesar de que la meditación Samatha es una preparación para la práctica Vipassana, debe estar claro que no es algo simplemente preliminar. No es algo que tengamos que llevar a cabo a prisa para poder así empezar con el trabajo auténtico.
Aunque no existiera la meditación Vipassana, todavía sería muy útil la meditación Samatha, ya que aún cuando puede ser ardua lleva a elevar los estados mentales dando al meditador calma y positividad. La meditación Samatha, en el mejor de los casos, es profundamente placentera y puede tener efectos muy grandes, dándole a nuestra experiencia de vida una perspectiva más amplia, clara y brillante.

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AQUIETANDO LA MENTE

El shamatha es la práctica de aquietar la mente a través del desprendimiento. Desde el punto de vista budista, el término shamatha es sinónimo del término samadhi. Este último se suele traducir como concentración o “enfoque en un solo punto”. Lamentablemente, la palabra “concentración” conlleva la connotación de reprimir la mente, obligándola a no desviarse de un cierto objeto. Semejante lucha entre el deseo de la mente de sostener un objeto y el deseo de divagar es agotador y produce tensiones inconscientes. Esta es precisamente la antítesis del estado de shamatha.

La naturaleza de la concentración es el desprendimiento o desapego. Reconocer esto señala un hito importante en el camino al logro del poder mental. En la concentración verdadera, uno simplemente descansa la mente en el objeto a mano y luego se desprende de todo lo demás en el universo. La mente entonces permanece en ese objeto hasta que surja el momento apropiado para fijar la atención en otra cosa. De esta manera, la habilidad para enfocar, para concentrarse totalmente en una sola cosa, es esencialmente equivalente a la habilidad de desprenderse de todo. Para lograr esto, es necesario relajar el cuerpo de manera especial.

En primer lugar, se debe aprender a mantener el cuerpo erguido y totalmente quieto mediante el equilibrio y la relajación, sin usar esfuerzo muscular. La posición ideal para esto es la postura del loto, pero también se pueden obtener resultados satisfactorios con una variedad de posiciones, incluyendo el sentarse en una silla[3]. Lo importante es alinear las vértebras, encontrar una posición de equilibrio y simplemente dejar que el cuerpo cuelgue de la columna vertebral por su propio peso. Esta sensación de soltura o desprendimiento se extiende a la respiración y finalmente a la mente misma.

El shamatha tiene la naturaleza dual de soltura y desprendimiento y del enfoque en una sola cosa. Por ende, hay dos maneras de abordar la mente. La primera es simplemente dejar que el contenido emocional y conceptual de la mente se asiente y se aquiete por sí solo. Ello se puede lograr a través de la elegante técnica de la “analogía”. Uno siente una parte del cuerpo, por ejemplo el brazo, relajarse y descubre la analogía mental de dicha sensación, i.e., la sensación de relajar el pensamiento.

La segunda manera es descansar la atención en un objeto específico y suavemente volver la atención hacia el objeto de meditación cada vez que la mente divaga. Eventualmente, este hábito de divagación se debilita hasta desaparecer. El objeto puede ser físico o visualizado, fuera o dentro del cuerpo. Las imágenes de “domar al elefante” del Tíbet ilustran este proceso con detalle.[4]

En todas las tradiciones budistas, es común dar a los principiantes alguna forma de meditación que lleve la mente a descansar en la respiración. En el Zen, esto usualmente conlleva contar las respiraciones o seguir el flujo de las inhalaciones y exhalaciones. En la tradición Theravada, es típico cultivar la percatación de la sensación táctil de la respiración en la punta de la nariz o en el abdomen. No hay ningún intento de controlar la respiración. Pero en la tradición Vajrayana, se enseñan visualizaciones elaboradas de canales de respiración en el cuerpo y se practican inhalaciones, retenciones y exhalaciones con medición precisa tal como en el hatha yoga.

Los cantos también son comunes a todas las tradiciones. Cuando se realizan con la postura y la intención apropiadas, los cantos pueden ser muy tranquilizadores. En el Asia oriental, cantar el nombre de Buda Amitabha es una práctica popular. En China, la práctica de cantos se llama Nien-Fo, en Japón se llama Nembutsu, en Corea se llama Yombul y en Vietnam se llama Niem-Phat. Muchos tibetanos cantan mantras en voz alta o en silencio. Aún en los países Theravada, el pirit o cantar las escrituras sagradas, representa un evento especial en el año monástico y suele llevarse a cabo de manera continua por muchos días y noches. La cualidad de estabilizar la mente que conlleva el canto y la recitación de mantras también fue reconocido en el cristianismo según se ilustra en “la oración del corazón” de la espiritualidad popular del cristianismo orotodoxo. El cantar tiene un fuerte efecto shamatha, pero, según se suele practicar, hay poco del componente vipashyana; así pues, el poder del canto para lograr un insight liberador es débil.

Efectos Físicos

Conforme el cuerpo, la respiración y la mente se asientan y se aquietan, el metabolismo comienza a funcionar más despacio y la necesidad de dormir, comer y respirar disminuye. De hecho, la reducción del ritmo de la respiración es probablemente la medida física más fácilmente observada del samadhi profundo. Los adultos normales que habitan al nivel del mar respiran unas quince veces por minuto. Durante la meditación en posición sentada, con un nivel medio de shamatha, el ritmo de respiración puede bajar a dos o tres respiraciones por minuto. Debido a que la práctica de shamatha produce cambios tan conspicuos en la función del cuerpo, recientemente ha habido una buena cantidad de investigación fisiológica sobre la meditación. A continuación resumimos algunos de los resultados de dicha investigación.

Las ondas del cerebro de los meditadores suelen ser altamente sincronizadas; ello se traduce en un incremento en el ritmo alfa, cuya frecuencia se da entre ocho y doce ciclos por segundo. Esta producción aumentada de ondas alfa en los meditadores continúa aún con los ojos abiertos. En los no-meditadores, el abrir los ojos normalmente detiene la producción de ondas alfa. La electromiografía muestra relajación muscular profunda a pesar de la posición erguida y sin soportes. La conductividad de la piel decrece, probablemente indicando menos producción de sudor y por ende menos actividad del sistema nervioso simpático, todo lo cual también implica relajación.

En la Universidad de Tokio, unos investigadores hicieron un descubrimiento interesante sobre el comportamiento de las ondas cerebrales en los practicantes del Zen. Se les pidió a un grupo de meditadores y a un grupo de no-meditadores sentarse tranquilamente y en silencio con electrodos conectados al cuerpo para registrar las ondas cerebrales. A ambos grupos se les presentó un sonido de “clic”. Al principio, los dos grupos mostraron un “bloqueo” momentáneo de las ondas alfa. Esto era de esperarse, ya que dicho bloqueo es parte de la respuesta normal de orientación a un nuevo estímulo. Después de varios sonidos de “clic”, el grupo de no-meditadores ya no mostraba este bloqueo. Esto también es normal. Se habían habituado al estímulo: ya no era fresco y novedoso. Pero los practicantes del Zen siguieron bloqueando las ondas cerebrales con cada “clic” como si lo escucharan por primera vez. Este fenómeno refleja el ideal Zen de “vivir en el momento presente”. En la India, se llevó a cabo un experimento similar con algunos yoguis, los cuales no mostraron bloqueo de las ondas alfa. Aparentemente, absortos en trance, no escucharon el sonido.[5]

El shamatha es un continuo de estados de asentamiento progresivo de la mente, asociados con el aumento de desprendimiento, el poder de la concentración y un juego distintivo de cambios fisiológicos. En el extremo profundo de dicho continuo, semejantes fenómenos se intensifican al máximo y se dan estados de conciencia llamados jhanas en pali (dhyana en sánscrito). En el jhana profundo, los impulsos e instintos se suspenden, pero no necesariamente se extinguen. En este estado, que puede durar algunas horas o varios días, no hay deseo de moverse, comer, dormir o pensar. De hecho, el metabolismo funciona tan lentamente que la respiración casi parece no existir. La mente, la cual en estado no cultivado es como una catarata torrencial, se convierte en un límpido lago sin ondas. El jhana más profundo es como una especie de trance, pero esto no quiere decir que todos los trances implican un estado de jhana. El Abidharma, obra de la literatura budista, clasifica y define nueve niveles distintos de los jhanas.

El desarrollo y uso del shamatha

El shamatha se desarrolla de mejor manera mediante una práctica diaria de meditación en posición sentada. ¿Cuáles son las experiencias típicas de una persona que se sujeta a semejante práctica? ¿Cómo afecta el shamatha la vida cotidiana?

Al principio, el cuerpo se esfuerza en mantenerse erguido durante el período de meditación sentada, la respiración es áspera como un pistón y la mente divaga considerablemente. Incluso, es posible sentir más agitación que antes. Lo que en realidad está sucediendo es que comenzamos a percatarnos por primera vez del grado y la intensidad del caos interno. Dicha percatación es la primera etapa en el progreso en la meditación. Hasta que la mente tenga una oportunidad de verdaderamente experimentar la incomodidad causada por su habitual impulsividad y fijación, no habrá motivación para desarrollar hábitos distintos. En la tradición tibetana, a esta experiencia inicial se le llama “percibir la mente como una catarata”.

No obstante, al igual que en cualquier otro arte, el tiempo y la práctica regular afinan las destrezas en el shamatha. El cuerpo se acomoda en la postura, la respiración se vuelve fina y lenta y los pensamientos irrelevantes ya no piden atención a gritos, sino que susurran y pueden ser ignorados más fácilmente. Al final de cada período de meditación de media hora o de una hora, se da una experiencia de tranquilidad, ligereza y apertura. ¡Entonces, la tarea consiste en recordar este estado de tranquilidad y permanecer en él en medio de las actividades cotidianas!

Al principio, es posible recuperar este efecto de quietud durante tareas manuales sencillas: caminar, barrer o trabajar en el jardín. Sean orientales u occidentales, todas las tradiciones monásticas enfatizan el trabajo manual con el fin de proporcionar situaciones en las cuales es relativamente fácil conservar el silencio interno con el cuerpo en movimiento. Después de acumular suficiente experiencia, la percatación de tranquilidad puede conservarse a través del día entero, aunque su profundidad podrá variar según las circunstancias. Es posible conducir un automóvil, hacer el amor, aún discutir y escribir libros sin dejar el estado de shamatha. Hasta es posible soñar en el estado de shamatha.

Incluso, una persona sin experiencia en la meditación puede apreciar la ventaja de tener una mente tranquila y concentrada a la hora de llevar a cabo tareas físicas o mentales. Con la profundización del estado de shamatha, la mayoría de las actividades cotidianas se ven enriquecidas en la medida en que esta mente más estable y más poderosa influya en ellas. Así mismo, el asentamiento y aquietamiento del cuerpo produce una abundancia de energía. El estado de shamatha es un estado de apertura y de aceptación, factores clave en las buenas relaciones interpersonales. Por otra parte, el desprendimiento asociado con el shamatha facilita el seguir nuestros propios principios y acercarnos a nuestro ideal moral.

Muchos practicantes de shamatha perciben los acontecimientos del día como una secuencia de oportunidades para profundizar y aplicar la destreza de la concentración en un solo punto. Los valores se invierten de manera peculiar: las sensaciones que generalmente son desagradables se convierten en oro.

El exceso de trabajo y el malestar físico se convierten en “instrumentos de retroalimentación”. ¿Nos sentimos incómodos? ¡Profundicemos! Aceptemos las situaciones caóticas y temerosas como desafíos a nuestras destrezas meditativas. Ya no es posible el concepto de pérdida de tiempo. Por ejemplo, si de pronto tenemos que esperar a alguien por una hora, ello se convierte en una hora de “uso secreto y disfrute sigiloso”.[6] El maestro Wu-Men de la dinastía Sung bien lo resumió cuando dijo: “la mayoría de la gente se ve usada por las veinticuatro horas del día; el meditador, en cambio, usa las veinticuatro horas del día”.

Desde la tranquilidad superficial hasta el trance total, los estados que se experimentan en este “continuo del shamatha” son conocidos fuera del budismo. De hecho, son estados centrales a la cultivación sistemática de la experiencia mística en todas las tradiciones religiosas. Por ejemplo, en la Iglesia Católica Romana, hay términos generales para dichos estados, tales como oratio quies (oración de quietud) u oración de recogimiento.[7] A veces, se dan referencias a dichos estados como “la oración no-discursiva” en contraposición a la oración usual que usa palabras y pensamientos. En las tradiciones cristianas del catolicismo romano y de la iglesia ortodoxa, hay abundante literatura sobre el tema. Diversos autores usan terminologías diferentes para distinguir los hitos en el continuo.[8] El nivel de trance más profundo en la oración de quietud a veces se llamaba “contemplación infundida” o simplemente “contemplación”. Después del siglo xvi, la práctica de la oración no-discursiva disminuyó debido a razones históricas interesantes que van más allá del tema que nos ocupa por el momento.

Otro sistema no-budista, a saber, el clásico raja-yoga de Patánjali, distingue tres etapas en el continuo del aquietamiento, llamadas las “ramas internas” del yoga. La primera etapa es dharana (aferrarse) durante la cual el yogui intenta sostener el objeto de concentración, regresando al mismo cada vez que la mente divaga. Cuando se alcanza la segunda etapa, dhyana, la concentración en el objeto no sufre interrupción, como una “corriente de aceite que fluye”. Finalmente, cesan todas las fluctuaciones mentales, se alcanza el estado de trance y el yogui siente que las limitaciones mundanas se han trascendido. Patánjali llama esta etapa final samadhi. Nótese que, mientras que en el budismo el término samadhi se suele usar como un término general para cualquier estado de concentración, en el yoga clásico se refiere solamente al estado más profundo de concentración.[9]

La experiencia de shamatha no sólo se encuentra en el contexto del misticismo religioso. A veces surge en el arte, en el deporte y en otras actividades “seculares” que requieren concentración intensa y relajación.

Es interesante observar cómo las creencias y las actitudes influyen en las percepciones humanas del proceso de shamatha. El músico que ocasionalmente experimenta un ligero y transitorio samadhi al tocar su instrumento asociará dicho estado sólo con su arte y, sin conocer su potencial mayor, no se esforzará en profundizarlo o mantenerlo. En este caso, la vida cotidiana del artista nunca se verá sumida y transformada por semejante experiencia.

El valor del trance

En las tradiciones de perspectiva filosófica dualista, los místicos suelen percibir el trance como el apogeo y la meta última del sendero místico. Ello tiene perfecto sentido si se cree en la dicotomía espíritu-materia, como lo hicieron los neoplatónicos de la Europa helenística y los teóricos de la escuela Sankhya de la antigua India, que concebían la meta última en términos de liberar el espíritu de las limitaciones de la materia. La ausencia de impulsos y el recogimiento extremo que caracterizan el extremo profundo del continuo del shamatha sólo permiten esta condición por períodos limitados de tiempo. Eventualmente, se debe salir del trance y en ese momento podrá haber o no haber una transformación permanente de la conciencia. El raja-yoga de Patánjali es, simplemente, la práctica asociada con la filosofía Sankhya, a saber, un sistema que postula una dicotomía radical entre purusha (espíritu) y prakriti (materia). Igualmente, si se cree en un Dios que está fuera de la creación, entonces la manera de encontrarse con Dios directamente es salir de la creación por un rato. Con una perspectiva teísta, semejantes estados de tranquilidad, en particular los más profundos, se percibirán como gracias especiales conferidas por Dios. En su obra de 1577 Las moradas o el castillo interior, Santa Teresa de Avila describe vívidamente los diversos niveles de oración de quietud que culminan en lo que ella llama la unión perfecta, que a grandes rasgos corresponde al estado de jhana muy profundo en el budismo, o al samadhi del yoga de Patánjali.

Para los budistas, alcanzar el samadhi en sus diversos niveles de profundidad es más una destreza que una gracia sobrenatural. Al igual que tocar el piano o jugar al golf, es algo que la mayoría de la gente puede aprender razonablemente bien con suficiente motivación y práctica habitual. Desde luego, se trata de una destreza especial debido a su gran generalidad y poder. Gracias a esta única destreza, la mayoría de las demás destrezas se enriquecen. Pero aún más importante, es una destreza especial por los cambios que produce en la vida.

Sin embargo, el shamatha, por más profundo que sea, no es la meta última del budista. La intensidad y el enriquecimiento que la concentración habitual trae a la vida diaria sólo son efectos secundarios agradables del proceso meditativo. Incluso los jhanas, no obstante purificadoras y refrescantes, son estados condicionados, transitorios y en última instancia insatisfactorios. Hasta pueden convertirse en obstáculo para la realización de la verdadera meta budista, a saber, el Nirvana.[10] El shamatha es tan sólo una herramienta que facilita el logro del Nirvana.

La palabra Nirvana literalmente significa “extinción”. No la extinción del yo, sino la extinción de las kleshas, a saber, las “aflicciones” que impiden la felicidad. Las kleshas pueden agruparse en tres grandes categorías: raga, dvesha, y moha. Raga (el deseo) es el impulso a repetir las sensaciones placenteras. Dvesha (aversión, odio o antipatía) es el rechazo de las sensaciones desagradables. Moha es la confusión o falta de claridad. La moha es responsable de nuestro sentido de identidad limitada que nos impide notar el sutil malestar e incomodidad subyacentes de toda experiencia.

Con respecto a raga y dvesha, hay un punto importante que a veces se pasa por alto. Raga significa el anhelo del placer mental y físico y no el placer en sí. El budista serio busca eliminar dicho anhelo porque es una fuente de sufrimiento. El placer en sí no es malo ni hay necesidad de repudiarlo. Dvesha significa la reacción de rechazo psicológico y físico. Luchar contra el dolor produce sufrimiento. El dolor, si no se rechaza frenéticamente, produce poco sufrimiento. Así pues, la persona que comprende raga y dvesha, disfruta lo placentero sin sentirse frustrada cuando lo placentero no es posible. Igualmente, dicha persona naturalmente evita el dolor, pero al mismo tiempo no se siente maltratada cuando el dolor es inevitable. Semejante persona se ve libre de la espada de Damocles que la mayoría de la humanidad carga dentro de sí, esto es, la amenaza constante de sufrir un infierno si no obtenemos lo que queremos.

El Nirvana, pues, es cómo se siente la vida para una persona para la cual:

no surge el enojo, no importa cuán asediada;
no surge el deseo compulsivo, sea cual sea el tipo de placer y

no surge la sensación de limitación, cualesquiera las circunstancias.

Semejante persona se encuentra en una posición de vivir con exuberancia, de experimentar igualmente la vida y la muerte con plenitud. En el primer caso, se trata del “Nirvana con remanente” y en el último caso del “Nirvana sin remanente”.

Hay dos maneras en que el shamatha sirve como herramienta para lograr el Nirvana. En primer lugar, confiere una sensación de soltura o desprendimiento que ayuda a la renuncia gradual del deseo y la aversión. En segundo lugar, brinda la estabilidad mental y la concentración necesarias para la práctica eficaz de la vipashyana. La vipashyana destruye la moha.

Moha significa el desconocimiento fundamental de lo que sucede dentro de sí. Según el budismo, se trata de la klesha fundamental, la raíz de todos nuestros problemas. El remedio consiste en extender la claridad y la percatación con respecto a procesos que normalmente son inconscientes. En buena medida, esto se asemeja a la psicología occidental. Pero hay una diferencia: en la meditación, la percatación se cultiva dentro del estado de shamatha, el estado profundo de quietud del cuerpo y de la mente que hemos descrito anteriormente. Ello permite una revelación del inconsciente mucho más directa, penetrante e inexorable que lo que usualmente se lograría con psicoterapia. No es de sorprenderse, pues, que los resultados sean diferentes. La psicoterapia eficaz resuelve problemas específicos; la meditación eficaz ofrece una solución general aplicable a cualquier problema, incluyendo los problemas complejos como el sentimiento de culpa, la pérdida de seres queridos, la sensación de fracaso, las enfermedades incurables, la vejez y la muerte. La psicología nos dice algo sobre cómo surgen los problemas de una persona. La meditación revela algo sobre cómo surge la idea de “persona” y, al hacerlo, nos libera de la necesidad de identificarnos siempre con una persona particular. En el contexto de semejante objetividad radical, los problemas personales pueden ser abordados muy eficientemente.
Significado de meditación. Definición de términos.
“Kammatthana” literalmente significa ‘lugar de trabajo’ o ‘campo de
acción’. Este término se usa para designar al objeto de meditación, el
lugar de trabajo del meditador.
Otro significado es ‘la causa próxima para el desarrollo mental’. De
acuerdo con esta definición significa meditación. Otro término usado es
“bhāvanā”, desarrollo.
Hay dos tipos de meditación en el buddhismo: (1) la meditación de
tranquilidad (samatha) y (2) la meditación vipassanā.
De estas dos meditaciones, vipassanā es distintiva del buddhismo porque
permite la realización personal de las verdades descubiertas y reveladas
por el Buddha. La meditación de tranquilidad no es exclusiva del
buddhismo. En el buddhismo se enseña la meditación de tranquilidad
porque la concentración obtenida por medio de esta meditación provee
una base sólida para la práctica de la meditación vipassanā.
2. La meditación de tranquilidad (samatha).
i. Se denomina meditación de tranquilidad porque conduce a la pacificación de
la mente, porque conduce a la supresión de los impedimentos mentales.
Las impurezas mentales son estados que (1) afligen o atormentan la mente
y (2) contaminan la mente.
Los impedimentos mentales son cinco: (1) deseo sensual (kāma-cchanda),
(2) mala voluntad (byāpāda), (3) sopor y somnolencia (thīna-middha), (4)
agitación y preocupación (uddhacca-kukkucca) y (5) duda (vicikicchā).
2 de 4
ii. Conduce a los estados de absorción (jhāna) y estados de conocimiento
directo (abhiññā).
3. Hay cuarenta diferentes tipos de meditación de tranquilidad.
i. 10 discos (kasiṇas).
ii. 10 desagradables (asubha).
iii. 10 reflexiones (anussati).
iv. 4 ilimitados (appamaññā).
v. 1 percepción (ekā saññā).
vi. 1 análisis (vavatthāna).
vii. 4 estados inmateriales (cattāro āruppā).
4. Hay seis temperamentos (carita).
i. Sensual (rāga-carita).
ii. Iracundo (dosa-carita).
iii. Ignorante (moha-carita).
iv. Creyente (saddhā-carita).
v. Inteligente (buddhi-carita).
vi. Discursivo (vitakka-carita).
5. Las tres etapas de desarrollo mental (bhāvanā).
i. Preliminar (parikamma).
El desarrollo preliminar ocurre a partir del momento que uno comienza con la
práctica de meditación hasta el momento en que se suprimen los cinco
impedimentos y se obtiene el signo conceptualizado.
ii. Próximo (upacāra).
El desarrollo próximo ocurre a partir del momento que se suprimen los cinco
impedimentos y se obtiene el signo conceptualizado. Este dura desde que se
obtiene el signo conceptualizado hasta que surge la conciencia de cambio
de linaje (gotrabhū).
3 de 4
iii. Absorción (appanā).
Corresponde con las jhānas de la materia sutil e inmateriales.
6. Los tres signos (nimitta).
i. Preliminar (parikamma).
El signo preliminar es el objeto original de concentración que se usa durante
la etapa preliminar de la práctica.
ii. Adquirido (uggaha).
El signo adquirido es una réplica mental del objeto que se percibe en la mente
exactamente como aparece ante los ojos.
iii. Conceptualizado (paṭibhāga).
El signo conceptualizado es la imagen visualizada en la mente completamente
libre de defectos.
7. Las cinco jhānas de la esfera de la materia sutil.
Se denominan jhānas porque (1) contemplan el objeto de cerca, es decir,
intensamente y (2) consumen los estados adversos opuestos a la
concentración, es decir, los impedimentos.
La jhānas son tipos de conciencia que pertenecen al plano de la materia sutil.
Descripción de las cinco jhānas.
8. Los cinco conocimientos directos (abhiññā).
i. Poderes sobrenaturales varios (iddhividha).
ii. Oído divino (dibbasota).
iii. Conocimiento de la mente de los demás (paracittavijānana).
iv. Recuerdo de las existencias pasadas (pubbenivāsānussati).
v. Ojo divino (dibbacakkhu). Aquí se incluye el conocimiento de ver seres morir
y renacer de acuerdo con sus acciones.

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f m ms

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guille-1

¿Qué le hace a usted decir que ellos no tienen los tres estados?. Cuando usted dice «he tenido un sueño; dormí profundamente; estoy despierto», usted debe admitir que usted ha estado presente en los tres estados. Eso deja totalmente claro que us-ted ha estado presente todo el tiempo. Si usted permanece como usted está ahora, usted está en el estado de vigilia; éste deviene oculto en el estado de sueño con sueños; y el estado de sueño con sueños desaparece cuando usted está en el sueño profundo. Usted ha estado presente entonces, usted está presente ahora, y usted está presente en todos los tiempos. Los tres estados vienen y van, pero usted está siempre presente. Es como un cine. La pantalla está siempre presente pero la multi-tud de los tipos de imágenes aparecen sobre la pantalla y después desaparecen. Nada se pega a la pantalla, ella sigue siendo una pantalla. Similarmente, usted si-gue siendo su propio Sí mismo en los tres estados. Si usted conoce eso, los tres es-tados no le perturbarán, lo mismo que las imágenes que aparecen sobre la pantalla no se pegan a ella. Sobre la pantalla, usted a veces ve un imponente océano con enormes olas sin fin; después desaparece. En otra ocasión, usted ve un fuego de-vastador creciendo todo alrededor; después también desaparece. La pantalla está presente en ambas ocasiones. ¿Se ha mojado la pantalla con el agua o se ha que-mado con el fuego?. Nada ha afectado a la pantalla. De la misma manera, las cosas que acontecen durante los estados de vigilia, sueño con sueños y de sueño profun-do no le afectan a usted en absoluto; usted permanece su propio Sí mismo.

Sri Ramana Maharshi

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posturas

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